Vigo desguaza el caso Reace

Comienza la demolición de los tanques de Guixar que pertenecían a la aceitera que defraudó 4 millones de litros y provocó un escándalo en 1972


vigo / la voz

La conversión de los depósitos de aceite de Guixar en doscientas toneladas de chatarra de hierro enterrará los vestigios de uno de los episodios más viscosos de la la historia de la ciudad, el escándalo de la empresa Reace. También fue conocido como el caso Redondela, nombre con el que llegó la historia al cine, para enfado del regidor de la villa de los viaductos.

Cuarenta años después de que se descubriese el fraude, estos días un soldador está convirtiendo los trece depósitos de Guixar en planchas de hierro y tubos que serán refundidos. Los amasijos todavía huelen al aceite que contuvieron durante décadas y cuyo comercio fraudulento convulsionó el tardofranquismo.

Los silos de aceite pertenecieron en su día a la empresa Refinería de Aceites y Grasas que tenía su sede social en Redondela y almacenaba sus productos en la zona portuaria de Teis. El consejo de administración de la empresa estaba formado por ilustres empresarios y personajes entre los que se encontraban Rodrigo Alonso, que fue presidente del Celta, y Nicolás Franco Baamonde, hermano del dictador y embajador de España en Portugal. El familiar del general era miembro del consejo de administración de numerosas empresas. Y cuando se descubrió el escándalo, el Régimen quiso evitar las salpicaduras.

Los depósitos de aceite de Guixar se erigieron en 1964, y entre 1966 y 1972 la Comisaría de General de Abastecimientos y Transportes (CAT) alquiló los depósitos para guardar toneladas de aceite. El Estado jugaba con las materias primas para intervenir en el mercado y los precios de los productos básicos. De este modo la CAT era la propietaria del aceite y pagaba a Reace un alquiler mensual por el almacenaje. Teóricamente el producto se hallaba dentro de los silos, pero en realidad el stock no se mantenía quieto sino que los administradores de la empresa negociaban con él a espaldas del Gobierno.

Pero ocurrió que la CAT reclamó voluminosas entregas de aceite para intervenir en la regulación de precios del mercado y como no había existencias suficientes en los depósitos de Guixar se descubrió el pastel. En total habían desaparecido más de cuatro millones de litros de aceite, es decir el contenidos entero de dos silos, delos 13, que se están desmontando en la actualidad.

Durante cuatro años, desde 1968 a 1972 -hasta que se descubrió el fraude- un trabajador de la Comisaría General de Abastecimientos en Pontevedra estuvo recibiendo sobornos en forma de sobres periódicos de cinco mil pesetas para hacer la vista gorda y transcribir automáticamente en los libros de la CAT los datos que le facilitaba un empleado de Reace. Cuando se inspeccionaba uno de los depósitos siempre llevaban al inspector a uno de los que estaba lleno.

Tras descubrirse el fraude el 29 de marzo de 1972 fue detenido uno de los socios mayoritarios de Reace, Isidro Suárez Díaz Moris y el 30 de septiembre de ese años aparecieron muertos en un piso que tenían en Sevilla el director general de la empresa, José María Romero González, su mujer y su hija.

El juzgado recibió una carta en la que se aludía a una «autoeliminación», pero algunos peritos dudaron de la autenticidad de la carta, abriéndose la hipótesis del asesinato. La conspiración nunca fue probada.

Dentro de unas semanas el terreno de Guixar estará completamente limpio de chatarra y en un futuro se levantarán pisos. El olor a aceite será un recuerdo de la memoria histórica de un barrio testigo de la pujanza industrial de Vigo y que ahora quiere humanizarse.

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