Apuntes sobre el futuro


Es fácil imaginar Vigo en el año 2060, tal como nos propone Citroën a través de Internet. Dentro de medio siglo, habrá llegado el AVE a la ciudad, con conexión directa con Madrid, tras cincuenta años obligados a viajar a Santiago o a Ourense para hacer transbordo. Por desgracia, para esa época, la tecnología de la alta velocidad estará ya tan obsoleta, que esta línea solo podrá utilizarse con fines turísticos, como el Tren de la Fresa de Aranjuez. En la provincia de A Coruña, llevarán años utilizando la teletransportación y viajando por el mundo como el Doctor Spock.

En el periódico, por supuesto en pantalla y no en papel, leeremos las noticias que preocuparán a los vigueses de 2060. Entre ellas, un nuevo retraso en la construcción de la Cidade da Xustiza, la futura ubicación de la Biblioteca Estatal y la próxima creación de un albergue para indigentes. Al ritmo actual, ninguna de las tres iniciativas tiene visos de solventarse en el próximo medio siglo.

El solo paso del tiempo tendrá un efecto que emocionará leer a los más críticos con Abel Caballero: ya no será alcalde de Vigo. Entre otras razones -conténganse ante la frase- porque estará muerto. No es probable que nuestro regidor viva hasta los 114 años. Sin embargo, no sería raro que, para entonces, el presidente de la caja de ahorros siga siendo Julio Fernández Gayoso, quien en 2065 celebrará sus primeros cien años al frente de la entidad financiera.

Como los hospitales duran en Vigo operativos más de cincuenta años, en 2060 estará ya obsoleto el de Beade, cuyas obras comenzaron en 2011 y se concluyó en el 2015. El Sergas, cuyas listas de espera irán para entonces más allá del año 3000, ideará una nueva fórmula para dotar a la ciudad de un hospital. Si el anterior se construyó privatizando la gestión, a cambio de concesiones como el aparcamiento o la cafetería, el próximo lo tendrán que hacer los vigueses con sus propias manos.

Tan singular método se venderá como una saludable fórmula para mantener a la ciudadanía en forma. En días alternos, los vigueses habrán de presentarse con un casco y una pala y construirse ellos mismos su hospital. Como en el IKEA, vamos.

La autopista AP-9, por supuesto, seguirá siendo de pago. En realidad, la actual concesión expira en 2048, lo que nos tiene hipotecados para las próximas cuatro décadas. Basta que algún otro político agradecido decida ampliarla aun más, para que en 2060 sigan cobrándonos un potosí por movernos en Galicia, de Norte a Sur.

Sobre el Celta, no sabemos si para 2060 militará en Primera o en Segunda División. Tampoco si en cincuenta años será capaz de regalarnos algún título. Pero de lo que estamos seguros es de que seguirá jugando en el vetusto Balaídos, para entonces convertido ya en una completa ruina romana, al uso del Coliseo de Roma. Tampoco hay duda de que, dentro de medio siglo, lo seguiremos apoyando, aunque por supuesto seguirá suministrándonos su tradicional dieta de disgustos.

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