El «Gran Cerdo» protagoniza una cata de cine


Sobre todo al vino, vino. El enólogo riojano Gonzalo Gonzalo, que ayer dirigió una peculiar cata en Vigo, no se anda con medias tintas a la hora de bautizar a sus caldos. Hijo, nieto, bisnieto, tataranieto... de productores de uva riojanos, su futuro profesional estaba cantado. Empezó trabajando para una bodega industrial pero cuando cumplió los 26 (ahora tiene 33) decidió apostar por un proyecto propio.

Con los viñedos familiares como punto de apoyo elaboró Orgullo. El nombre y la producción (apenas 8.000 botellas), lo dicen todo. Pero también lo dicen todo los nombres de los que vinieron después: No Phone y Gran Cerdo. El primero hace referencia a la parcela en la que se vendimia el tempranillo con el que se elabora. «Allí no hay cobertura de móvil», cuenta.

Más sorprendente es la explicación de por qué Gran Cerdo: «No iba a llamarse así, pero cuando fui al banco a pedir los 6.000 euros que necesitaba para el proyecto, el bancario de turno me contestó que si seis mil ni uno, que el vino no es un bien embargable». Tras conseguir el dinero por otros medios, optó por hacer su particular dedicatoria a los banqueros.

Todos ellos se descorcharon ayer en la cata que, organizada por la Asociación Gallega de Sumilleres que comanda el amigo David Barco, se celebró en casa de Óscar Cidanes (Detapaencepa). La especial cita, maridada con música de cine, sirvió también para presentar en sociedad la última creación de Gonzalo Gonzalo, Nunca Jamás. Detrás de este vino, cómo no, hay historia. Estaba predestinado a llamarse Neverland en honor a Michael Jackson. El caso es que los herederos pusieron a trabajar a sus abogados para prohibir el registro. «Seguro que les costó más el trámite que las mil botellas que sacamos al mercado en esta primera cosecha», ironiza Gonzalo Gonzalo.

No llegó el enólogo solo a Vigo. Se trajo al Dj Marmota para lo del maridaje musical. Así, Gran Cerdo lo casó con Cabaret y El Violinista en el tejado; Nunca Jamás con Thriller y Peter Pan, y No Phone con Desayuno con diamantes y Amélie.

No abandono el mundo del vino. Y es que Milton, ese goianés cuyo monocultivo son las delicatessen, hizo ayer en Los Escudos su esperada exhibición anual de poderío. Hasta 38 bodegas -«las mejores de las diferentes zonas de España», dice-, presentaban lo último de lo último de sus respectivas casas.

Una vez más, las obras maestras de Mariano García, ese enólogo nacido y criado en Vega Sicilia, volvieron a ser las más solicitadas. A tenor de lo visto, la estrella ha sido esta vez su Astrales 2007. Para catar tanto este Ribera como el Amaya Arzuaga (dedicado por su padre a la diseñadora), y el resto de la lista, acompañada con jamón de bellota, llegaron expresamente profesionales de media Galicia. Definitivamente, el listón de Milton está muy alto.

Aprovechando que Os mundos de Torrente Ballester han tomado el pazo de Pías, se trasladó allí por un día una copia de la famosa tertulia que el escritor mantuvo en el Monterrey baionés durante años. Compartía aquellas charlas con Carlos Casares, entre otros, pese a que ambos residían en Nigrán.

En esta tertulia renovada, que nace con vocación de continuidad (veraniega) participaron José Torrente y Hakan Casares, hijos de los conversadores originales, Gustavo Garrido, Manolo Quintas, Viqueira, Efrén Juanes y Juan González. Tres horas de charla dieron para hablar de lo humano y lo divino y, sobre todo, del Val Miñor que los grandes ausentes soñaban.

Su puntual apertura anual (siempre en el número 19 de Urzaiz) significa que la Navidad está a tiro de piedra. La entidad que preside en Vigo Josefina Crespo dio ayer el pistoletazo de salida a esta nueva edición en presencia de Lucía Molares. El dinero recaudado se destinará íntegramente a la investigación contra el cáncer.

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