«Cuando pones tu primer uniforme te sientes el más importante del mundo»

Lleva el sindicalismo en la sangre, algo que no le impide reconocer que es necesario renovar el mensaje y reflexionar para ponerse a la altura de lo que demanda la sociedad

S. Antón
vigo |

La elección del monte de A Guía no es casual. Este rincón forma parte de la vida y de los recuerdos de Antonio Juste, un sindicalista de siempre y militante de la UGT desde los 14 años, los mismos con los que empezó a trabajar en una empresa auxiliar de Citroën, Talleres Viza, para poder mantener a su madre y a sus dos hermanos. «Con el sueldo de ella, limpiando portales, no llegaba para pagar el piso».

Debido a su corta edad comenzó en UGT como miembro del comité de Seguridad e Higiene y fue al cumplir los 18 años cuando entró a formar parte del comité de empresa.

Guarda recuerdos «curiosos y bonitos» como los de 1977, cuando se reunían en un terreno sin salida del Camino del Caramuxo para negociar el convenio del metal. «Un compañero se ponía al principio y nos avisaba si venían los grises; entonces saltábamos el Lagares y continuábamos mojados hasta la carretera de Camposancos».

Como muchos de los niños de aquella época, Juste soñaba con formar parte del cuerpo de bomberos o de la policía para prestar ayuda a otras personas, de ahí que en 1985 decidiera prepararse para policía nacional. Pasadas todas las pruebas, solo le quedaba la entrevista en Madrid. Los azares de la vida hicieron que falleciera su madre con solo 41 años y que Antonio no fuera capaz de presentarse. Más adelante lo haría en la policía local, en la que ingresó en 1986.

«En el momento que te pones tu primer uniforme te sientes la persona más importante del mundo, se te erizan los pelos de pensar que eres lo que querías ser, me siento orgullosísimo de serlo, como un niño con zapatos nuevos, y volveré muy gustosamente».

No tenía intención de continuar con la labor sindical al entrar en el Concello. Pero, como si se tratara de un imán, se vio atrapado de nuevo tras acudir a una asamblea en la que otro sindicalista, Paco Gutiérrez Orue, le preguntó: «Tú estás en algún sindicato?».

Un negociador

En 1989 fue nombrado responsable del departamento de la Policía Municipal en Galicia por UGT, lo que le llevó a negociar con la Xunta la primera ley gallega de coordinación de la policía local y a entenderse con Manuel Fraga y Dositeo Rodríguez. «Fue gratificante ver cómo se regulaba la actividad profesional, ya que hasta entonces cada ayuntamiento era como un mundo aparte, un chiringuito; un policía hacía de lavacoches del alcalde, otro de costurero, y no podía ser. La ley se promulgó en 1992 y marcó el camino profesional. Posteriormente fue presidente del comité de personal del Concello, alternando el cargo con Pepe Cabaleiro, de la CIG para el que solo tiene buenas palabras. «Es mi amigo y un sindicalista como la copa de un pino». Su mandato concluyó tras las últimas elecciones del 2007, momento en el que decidió descansar para dedicar más tiempo a su familia y disfrutar de su segundo hijo de tres años, hasta que en el 2009 fue nombrado secretario general comarcal de UGT en Vigo.

Su veteranía le permite sincerarse y observar que el sindicalismo no ha evolucionado al mismo ritmo que la sociedad y que es necesario renovar el mensaje y reflexionar para ponerse a la altura de lo que demanda la ciudadanía.

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