Mika se dio un homenaje gastronómico en Vigo


Pena, mucha pena sintió Mika (Michael Holbrook Penniman en el carné de identidad) y, sobre todo, Yasmine, su madre, que se había documentado muy bien sobre las peculiaridades culinarias de Vigo, por tener que dejar la ciudad sin poder catar ni ostras ni pulpo. Cosas de la tiranía de la agenda, que les obligaba a estar en Alsacia a primera hora de la tarde del domingo.

Lo de las ostras lo sintieron especialmente porque justo cuando abandonaban el hotel, situado a tiro de piedra de la rúa Pescadería, las ostreras empezaban su particular exhibición diaria de juego de muñeca. Sintieron la tentación de pedir que les abrieran una docenita de bivalvos, pero ya iban con el tiempo justo a Peinador.

Claro que ni Mika, ni su madre y directora artística de la gira, ni su hermano Joanne, fotógrafo oficial de sus conciertos (familia que trabaja unida...) se fueron de vacío. Después del multitudinario y aplaudido concierto les estaba esperando un soberbio homenaje gastronómico en casa de Enrique Gutiérrez, esto es, en Alameda10, del que dieron buena cuenta.

El menú incluyó zamburiñas gratinadas, berberechos de la ría con aceite de oliva, brick de langostinos con albahaca, tronco de rape con piperrada y cochinillo confitado. No menos variada fue la carta de vinos. Con lo que ya no pudo ninguno de los seis comensales que compartieron mesa fue con el postre. Normal. De hecho, lo que se preguntaban los vigueses es dónde mete este chico todo lo que come.

Tanto el musical clan de los Morón, con Bibiano a la cabeza, como el propietario del restaurante, coincidieron en subrayar la cercanía y afabilidad de Mika. Lejos de divismos al uso en músicos de su nivel (nada de cortinas de lunares puntiagudos o sillas pintadas de verde en el camerino, sólo agua, refrescos, frutas y verduras frescas), la sencillez y la cercanía con todo el mundo fueron la norma. Por ejemplo, insistió mucho en que, dadas las horas (ya era domingo desde hacía rato) y las atenciones recibidas Enrique Gutiérrez compartiera mesa con ellos. Y lo hizo en un español fluido, idioma en el que se maneja casi tan bien como en francés, inglés o chino mandarín. Sí, este libanés (nacido en Beirut), que hoy soplará 27 velas, estudió mandarín.

Las buenas vibraciones eran tales que nadie (ni en la cocina, ni en la sala) miraba el reloj. La única preocupación de la mayoría de los profesionales de la casa era garantizarse una fotografía con la estrella que, claro, accedió gustosa a todas las peticiones. «Es un chico encantador», insisten.

La misma impresión les causó a los jóvenes que compartieron escenario con Mika durante el concierto. La selección de voluntarios fue cosa de la responsable de atrezo, es decir de Yasmine. Eligió a algunos de los primeros en montar guardia ante los accesos -«los que le parecieron más fotogénicos», dice Bibiano Morón», a los que disfrazó de payasos.

Si los planes no se le tuercen, que no se le torcerán, volveremos a ver a Mika en Galicia muy pronto. Según dijo, tiene la intención de recorrer el Camino de Santiago. Todavía no ha puesto fecha a la caminata. La pondrá cuando remate la gira y compruebe cómo anda de folgos. Desde luego, lo que no va a necesitar es entrenamiento especial porque, como bien demostró sobre el escenario, está en plena forma física.

El que fuera el profesor más sui géneris (y más histriónico también) de Operación Triunfo fue una de las miles de personas que abarrotaron Castrelos para escuchar (y ver) a Mika. Y es que el concierto pilló a Llacer entregándose al dolce far niente en casa de su amiga Mónica en tierras de O Morrazo. Por Couso para más señas.

Pasaba el bueno del hombre desapercibido, gracias a ese uniforme de camuflaje del que suelen echar mano los famosos para que no les reconozcan, pero no coló. El primero en descubrirlo (como era su obligación) fue una de las personas encargadas de la seguridad del recinto. A partir de ahí se abrió la espita de los reconocimientos, que el profesor de Bisbal, Bustamante, Chenoa y compañía, aceptó con el humor que le caracteriza.

En poco más de una línea Xosé Ramón García, una de las voces autorizadas del Instituto de Estudios Miñoranos, ofrece toda la información que necesita un asiduo de las xeiras de la casa.

Será la séptima de las exitosas rutas que han organizado este verano. Los interesados en descubrir a pie de obra (con la complicidad de Xilberte Manso) el patrimonio natural y cultural del recorrido propuesto tendrán que presentarse esta tarde (18 horas) en Chan da Lagoa (Baiona).

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