Investigación


John Rockefeller, uno de los más grandes magnates de la historia, fundador del imperio petrolero hoy conocido como Exxon-Mobil, de niño repartió diarios para ganar sus primeros centavos. Años más tarde, ya inmensamente rico, escribió: «Conozco a muchos millonarios que comenzaron repartiendo periódicos, pero no conozco a ninguno que empezara escribiendo en ellos».

Leí la frase de pequeño. Y aun así soy periodista, a sabiendas de que jamás me haré rico con esto. Otro tanto le puede pasar a un investigador. Y no me refiero a Colombo, Magnum o Sam Spade. Hablo de los científicos. Otra carrera vocacional en la que nadie se hace rico. Con la precariedad laboral que padecen, constituye un milagro que no se coman las ratas del laboratorio.

Se me ocurren estas cosas leyendo a Salustiano Mato, flamante rector de la Universidad de Vigo. De su victoria, hay que decir que fue suficiente, por más que alguna entrevista, casi a pie de urna, fuese una sucesión de preguntas intentando restar valor a su ventaja de votos. Se ve que algunos tenían su propio candidato.

A Mato hay que felicitarlo y felicitarnos. Primero, porque la Universidad de Vigo parecía paralizada. La renuncia de Gago a la reelección escenifica que el equipo estaba agotado. El proyecto del campus del mar, en el último año, sorprendió a todos como una idea formidable. Como en los fuegos de Bouzas, Gago dejó lo bueno para el final. Antes, brilló poco y se enredó en algunos conflictos por farrapos de gaitas.

Si Mato sigue siendo Mato, va a haber un buen rector. Es un ciudadano al que le sobra entusiasmo. Y en algunos círculos universitarios solo se lamenta que no haya concurrido con Cabeza en una única candidatura. Hay quien veía al líder de Nova Universidade como un gran gerente o como vicerrector económico y de gestión con amplios poderes. No se hizo así y el asunto está zanjado.

Pero, volviendo a Rockefeller, Mato insiste en dos conceptos tras su victoria: «empleabilidad» de los alumnos y excelencia investigadora. Estas fueron las bases de su campaña, además del logotipo imitación Prada a Tope. El futuro rector quiere ayudar a los titulados a encontrar trabajo. Y quiere que la Universidad de Vigo consolide su prestigio investigador. Pero parece olvidar que tiene la oportunidad de unir ambos conceptos sin salir de casa.

Si Salustiano Mato se da una vuelta por los laboratorios de la Universidad de Vigo, verá a cientos de investigadores que, o no cobran, o cobran becas ridículas. Gente sin futuro laboral alguno. Científicos consolidados que tienen que barrer el suelo y limpiar sus equipos. Olor a orines que sale de los animalarios. Y héroes que, en condiciones precarias, con salarios de risa, sin medios y mucha voluntad, son quienes sostienen ese ránking de producción científica tan elogiado. Así que el rector ya tiene labor: si quiere aunar investigación y empleo, puede empezar a trabajar dentro de casa.

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