Lucía, la viguesa que pasó de los pucheros al plató


Pese a no haber pisado nunca antes un escenario, se ha metido en el bolsillo al público del televisivo concurso Cántame cómo pasó. Lucía Cifuentes es una de las que más papeletas tiene para convertirse en la carismática mujer de Antonio Alcántara.

Nadie como esta viguesa nacida a mediados de los 50 en la calle Vázquez Varela se ajusta al prototipo de Merche. Y es que uno de los papeles que mejor ha interpretado en la vida real es el de ama de casa. De hecho, es la única que ha pasado de los pucheros al plató con una profesionalidad que para sí quisieran otras con muchos bolos a cuestas.

Todo su bagaje artístico son los cuatro años de ballet clásico que cursó en Vigo al tiempo que estudiaba secretariado en Aloya. Se casó muy joven y cuando empezaron a llegar los hijos (tiene tres) decidió dedicarse en cuerpo y alma a la familia y a la casa. Dicha dedicación coincidió con el traslado laboral de su marido a A Coruña, donde ahora reside.

A media tarde de ayer hizo un alto en los ensayos para contarme, vía telefónica, cómo empezó todo: «Vi un día un cartel publicitario que decía '¿Quieres ser Merche Alcántara?' e instintivamente dije sí. Cuéntame es una de mis series favoritas. Creo que en los once años lleva emitiéndose no me he perdido más de dos capítulos», relata entusiasmada.

La primera dificultad a tanto entusiasmo se la puso su hijo Miguel cuando le pidió que le grabara un vídeo. «Me dio largas y más largas. Menos mal que su amigo Nacho, que al final también intervino en la grabación, se puso de mi parte y le pidió que me complaciera». El resultado fue una cinta fresca que cautivó al jurado, amén de a algunos programas de la competencia que lo reprodujeron. Seguro que aunque no sigan puntualmente el concurso recuerdan el vídeo de la mujer del delantal y los guantes de goma que, divina de la muerte, interpretaba La flor de la canela. Esa es Lucía.

«Tú te quedas. Tienes algo especial», le dijo Jaime Chávarri cuando pudo verla en vivo y en directo. Ciertamente, debe de tenerlo, porque no sólo pasó las primeras cribas (más de 4.400 personas se presentaron al concurso), sino que ya ha superado sin problemas dos galas. Hoy volverá a jugarse el cocido con las otras diez aspirantes a Merche que quedan.

Me cuenta que está aprendiendo un montón, pero que es muy duro. «Hay que trabajar mucho. Las primeras semanas fueron tremendas, con jornadas que empezaban a las siete de la mañana y acababan a las 10 de la noche, pero estoy feliz», dice. De hecho, transmite esa felicidad a través del teléfono.

Mientras hablamos le pregunto si no puede enviarme una fotografía. «Espera que me la hago y te la envío», responde. Y se la hizo. «Lo del micrófono de diadema que llevo es porque estoy ensayando y he hecho un alto», explica. «Por favor, di que me voten mañana [por hoy]», me pide antes de despedirnos. Pues dicho queda.

Fue el pasado viernes en la capilla del pazo de Castrelos. No es muy normal (en realidad, nada normal) que dicho recinto se abra al público, pero Jorge Juan Pérez-Blanco Crespo obtuvo un permiso especial por tratarse de un descendiente de Fernando Quiñones de León, esto es, de la persona que donó en su día a la ciudad el pazo. El marqués contrajo matrimonio con Fátima Acuña Pérez. Actuaron como padrinos Elisabel Crespo Montenegro y José Luis Acuña.

No puede decirse que fuera una ceremonia íntima, pero sí muy familiar, ya que el número de invitados apenas superó los 60. La cena se sirvió en el Club Náutico de Panxón, y la posterior fiesta se prolongó hasta el amanecer. Los recién casados eligieron algún lugar del Mediterráneo para pasar su luna de miel. Felicidades. La universidad, de gala. En este caso deportiva. Esta vez se ha elegido para el evento el campus ourensano. Seguro que allí estará el nuevo rector electo para seguir su particular celebración antes de ponerse manos a la obra. Los actores Sergio Pazos y Déborah Vukusic serán los conductores del acto, en el que se premiará, entre otras, la destacada trayectoria profesional y deportiva de Joaquín Dosil y Miguel Martínez.

No pudieron elegir mejor día (igual demasiado caluroso) los alumnos del colegio Manuel Sueiro de Crecente para ir de excursión a Ourense. El viaje era lúdico pero, sobre todo, era formativo. Los profesores se inventaron uno de esos juegos en los que aprender resulta divertido. En un recorrido por el casco histórico, los chavales tenían que buscar monumentos o edificios emblemáticos e interpretar lo que veían. Cuando en la Plaza Mayor se cruzaron con un fotógrafo de La Voz le pidieron que los inmortalizara. Y lo hizo.

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