Modesto Hermida llega a la poesía caminando por el «Fío da navalla»


No lo digo yo, lo dice el propio interesado. Con final feliz, añado de propia cosecha. Como un guante se adapta esta definición al tête à tête que desde hace cuatro décadas (tal vez más) mantiene Modesto Hermida con la poesía. Sin desatender, claro, sus obligaciones de funcionario de Educación ni sus otras devociones, entre ellas los toros -«me voy de fin de semana a San Isidro»- o el flamenco, que descubrió cuando se incorporó a la familia el cantaor Antolín Heredia.

Era todavía estudiante de Filosofía en Santiago cuando escribió sus primeros versos, que sólo mostraba a los más cercanos, amén de a algún catedrático de Literatura como Martínez Cachero que le hacía acotaciones al margen.

Han sido precisamente algunos de esos más cercanos los que, a fuerza de insistir e insistir, han conseguido que hayan terminado viendo la luz unos pocos poemas (ochenta en total) del feixe de ellos que guardaba en el cajón. «Nunca pensé en publicar», contó el martes en la Casa del Libro a propósito de la presentación en sociedad de No fío da navalla e outros poemas (Ir Indo).

En la sala, ateigada de amigos, no faltaban los que le hicieron cambiar de idea. Por ejemplo, Antón Pulido, que ya consiguió en su día que Hermida se encargara de subrayar con palabras en rima asonante una de sus carpetas de serigrafías. Ahora ha sido Pulido el que se ha ocupado del diseño y las ilustraciones de esta ópera prima hermidiana. O, por ejemplo Bieito Ledo, el editor, que hasta que Modesto no puso en sus manos los originales no dejó de perseguirle.

Y, por supuesto, Lourdes, su mujer -«en quen se sintetizan tódolos meus pulos amorosos», escribe en la dedicatoria-, y sus hijos Alexandre y Sabela, «que foron o bálsamo da miña existencia».

Allí estaban todos. En la Casa del Libro, digo. Y allí estaban también, Carlos Núñez, García Mañá, Fernando González, Gómez Alén, Guillermo Sánchez, Alonso Montero... «Nunca na miña vida asistín a unha presentación dun libro tan fermosa coma esta», aseguró don Xesús, que guardaba en su inseparable portafolios un tesoro (y más entre literatos) que vigiló bien de cerca mientras iba pasando de mano en mano: la minúscula libretiña en la que Uxío Novoneira se estrenó como escritor. De cómo terminó el preciado manuscrito en manos del profesor Alonso sabe mucho el destino.

En cuanto a lo de la hermosa presentación, la culpa hay que repartirla entre las cuatro personas que hicieron uso del turno de palabra (y algo más) y que sentaban en el estrado: Román Raña, Bieito Ledo, Pulido y, claro, Modesto, que concluyó su intervención leyendo un puñado de poemas. Cuando el abarrotado auditorio pensaba que aquello era el punto y final, descubrió que aún faltaba la sorpresa: Antón Pulido se marcó a capela Canseira, un poema que vio por primera vez la luz el pasado año en Marcos Valcárcel. O valor da xenerosidade. Homenaxe dos amigos y que, musicado por Antón (hijo) se estrenó en la iglesia-colegiata de Xunqueira de Ambía.

Un engorroso paso por el quirófano, fruto de una lesión de hombro, ha mantenido casi un año a Alicia apartada de sus fogones, que es lo mismo que decir de los del baionés restaurante Isla. Nada ha sido lo mismo en el establecimiento durante su obligada ausencia. Lo saben bien los fieles. De hecho, la mayoría terminaron dejando de serlo.

Conocen bien los profesionales del sector lo que cuesta hacerse un hueco, y aún más un nombre en un mundo tan competitivo. Se entiende así que el sufrimiento de Alicia durante estos meses haya sido doble. Al final, lo que más le ha dolido no ha sido el brazo, sino comprobar impotente cómo un proyecto al que tanto tiempo había dedicado y que con tanto mimo trató, se desmoronaba por pura apatía de los que la sucedieron.

Hasta aquí hemos llegado se dijo un buen día. Y volvió a coger las riendas. Eso implica que la despensa del Isla vuelve a estar rebosante de mariscos y pescados de la ría, que en la carta han vuelto a hacerse hueco las cazuelas de pulpo con langostinos, los arroces con almejas y vieiras, los pimientos del piquillo rellenos de rape... Y, lo que es mejor, la confianza que produce contemplar desde el comedor el trajinar de Alicia en la cocina. Bienvenida. Show room de María Moreira. La diseñadora viguesa (en realidad gondomareña) no para últimamente. Que si abre exposición retrospectiva, que si le piden sus creaciones para la muestra sobre la moda de los 80 que se celebra en Pontevedra, que si prepara colección... Hoy presenta la del verano que ya está llamando a la puerta. Será en el salón terraza del hotel América a partir de las cuatro de la tarde.

Lo que se van a encontrar las potenciales clientas es una línea informal, muy minimalista, en la que manda el algodón ecológico en colores tan veraniegos como el celeste, el lila o el verde clinic. Frescos twin sets, camisetas con manga al codo o francesa... Todo en punto circular, pensado para hacer frente al calor. Cuando llegue. Porque seguro que llega.

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