La saga Patiño-Lamas tiene heredero


Hay apellidos que marcan y condicionan el futuro de los que los llevan. Si los hijos de Lola Flores y el Pescaílla han salido todos con el gen para cantar y bailar, los de Antón Patiño y Menchu Lamas, dos de los creadores gallegos con una trayectoria más consolidada en el país, el vástago no podía salir registrador de la propiedad, sino artista, claro. Y por la carrera que lleva, es posible que supere a sus padres en su recorrido. Así, Lois Patiño Lamas (Vigo, 1983), expone por primera vez en su ciudad de nacimiento.

La muestra, que será inaugurada hoy a las 19 horas en la sede viguesa de la Fundación Caixa Galicia, traza una panorámica por la obra audiovisual del artista, premiado en la anterior edición de las Bolsas de Primera Obra que promueve la caja para apoyar el trabajo de los nuevos creadores. La exposición está formada por el largometraje Rayito , dos videoinstalaciones, dos piezas de videoarte y los tráiler de sus otras películas: Rostros de Arena , (seleccionado en el primer taller que impartió Víctor Erice en la CAM de Alicante); Paisaje Interior y su última película, Recordando los rostros de la muerte .

Películas documentales

Rostros de arena es un proyecto de películas documentales que retrata a personas con vidas o ideas singulares, que viven al margen de la sociedad y en muchos casos, cuyas facultades psíquicas o físicas se han visto en algún sentido deterioradas. Cada filme del ciclo ( Profesor Tejero , seleccionada en DocumentaMadrid 08; Zuma-Embajador del Sol y Rayito , realizada con ayuda de la beca de la Fundación Caixa Galicia) expresa un mundo propio. «Cada película se aproxima al modo de vida de una persona en concreto. Nos sumergimos en su universo para vivir de la manera en que ellos lo hacen, conviviendo con ellos en su intimidad», cuenta.

El montaje de la exposición se divide entre las sedes de la Fundación Caixa Galicia en Vigo y A Coruña, pero en ambas incluye varias piezas de videoarte sobre el yo fragmentado y la deconstrucción de la identidad, pensadas para cada uno de los propios espacios. Patiño presenta también una muestra de sus películas experimentales Paisaje Interior. Obras de interiorización (y honda intimidad) con la natureza . El proyecto consta de 40 obras, siguiendo la recomendación de Nietzsche: «Hay que ir 40 días al desierto y adelgazar». En esta muestra se exhiben las tres primeras, realizadas en la Ribeira Sacra, en una montaña nevada de los Pirineos y en un parque acuático abandonado.

Además, el visitante asiste a una experiencia de ingravidez con la obra Cuerpo-luz , una compleja videoinstalación con diferentes proyectores y reflejos sobre espejos y metacrilatos que ocupa toda una estancia. Junto a esta pieza se sitúa Ecos del rostro , otro trabajo sobre metacrilato que «captura la imagen en su huída fantasmagórica», explica.

Patiño compaginó sus estudios de psicología en la Complutense con los de cine en Madrid. Paralelamente comenzó a asistir a talleres y cursos de artistas, con Daniel Canogar de instalaciones; con José Luis Guerín de documentales o con Donald Kuspit sobre videoarte. También ha completado en Nueva York y Berlín su formación en dirección de cine.

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