El «Zarpas» llega sano y salvo a Yemen

Los vigueses que están dando la vuelta al mundo consiguen cruzar junto con otros dos veleros el estrecho de Adén.


Vigo

La última vez que Eva Lago y François Viso, los vigueses que están dando la vuelta al mundo en su velero, se pusieron en contacto con lavozdegalicia.es estaban sanos y salvos en Omán. Hoy han enviado un nuevo correo electrónico para avisar de que han llegado bien a Yemen y están «supuestamente a salvo de los malos malosos», tras pasar por el problemático estrecho de Adén y el corredor de seguridad habilitado en aguas somalíes.

Así narra Eva Lago la experiencia en su correo: «Tras muchas cábalas para decidir cual sería el modo menos malo de acometer el paso por el peligroso Estrecho de Adén -a parte de la NO OPCIÓN que nos daba el Ministerio del Exterior: 'No vayan'-, nos decantamos por navegar a tres con dos monocascos de características parecidas a las nuestras (similitud en tamaño y capacidad de velocidad son primordiales en una situación como esta) Y así es como los suizos Liliam y Rudy a bordo de 'Shiva' y los italianos Mónica y Danilo en su 'Falabrach' se convirtieron en nuestros compañeros, y los unos en la sombra de los otros, durante cuatro larguiiiiiisimos días. El mal llamado corredor de seguridad (que lo único que significa en realidad es: Aguas en las que podríamos intervenir si llegamos a tiempo) que han montado las fuerzas internacionales en pleno estrecho sólo es garantía para los navíos que alcanzan los 15-20 nudos. ¡No te jode! Es que los piratas simplemente no pueden abordar a un barco que se desplace a esa velocidad».

«Los Capitanes deciden que nuestra posibilidad más clara es hacer ruta a unas 20 millas de la costa de Yemen ya que en caso de que uno de los barcos sea atacado, los otros dos tienen tiempo de lanzar los 'maydai' de VHF y tf satélite, de modo que, se supone, que aunque nos asalten y nos roben no se van a atrever a secuestrarnos porque, también se supone, que se harían apresar por el camino antes de alcanzar aguas somalíes».

«Si las jornadas se hacen largas, las noches se vuelven eternas, navegamos sin ningún tipo de señalización y no transmitimos por ningún medio que pueda ser captado en la lejanía. Nuestra inquietud se hace latente, el cansancio y la tensión se dejan sentir. Los pescadores se nos acercan al barco, vienen a pedir tabaco y coca-colas, pero no puedes evitar que te de un vuelco el corazón, ¿cómo saber de antemano cuales son sus intenciones? Ballenas piloto y delfines también nos visitan, son centenares y vienen cada día, es ?nuestra hora del recreo?, sus piruetas y acrobacias nos desahogan, disfrutamos de este séquito de lujo que se ve invariablemente rematado por unas puestas de sol espectaculares. ¡Cuanta belleza!»

«Y hablando de lujos, el LUJO CON MAYUSCULAS es nuestra Armada, sí, sí, me refiero a la Armada española, que si en la travesía hasta Omán nos habían mostrado todo su apoyo facilitándonos la máxima información posible sobre la situación en las áreas por las que debíamos pasar, ahora dan el ?do de pecho?. Les seguimos enviando nuestra posición diaria, ellos la registran y nos mandan acuse de recibo, y por si eso no fuera poco, nos llaman por teléfono a diario, quieren saber cómo van las cosas a bordo, cómo estamos y cómo se desarrolla la travesía, nos informan directamente de las posiciones de posibles barcos pirata, no dejan nada al azar ¡Es algo increíble! Y la guinda la ponen el cuarto y último día, porque también ellos vienen a vernos, como os lo cuento, de pronto alguien llama a 'Zarpas' por el canal 16VHF, no son nuestros compañeros, con ellos nos comunicamos en uno de corto alcance, ¿Quién es entonces? Nuestros chicos, la unidad TORO ha despegado para un vuelo de reconocimiento de la zona y se han desviado para venir hasta nosotros, nos sobrevuelan unos minutos, hablamos con ellos por la emisora, nos hacemos fotos mutuamente, y con un vivo sacudir de manos nos envían un saludo. No tengo palabras, no podéis ni imaginaros lo que ha significado para nosotros sentir que todas esas personas, que ni siquiera nos conocen, están ahí, velando por sus compatriotas que, equivocados o no, navegaban por aguas poco recomendables».

«Hemos tenido suerte, mucha más de la que han corrido otros y correrán muchos, mientras los políticos no tengan lo que hay que tener para coger el toro por los cuernos y meter a estos pobres diablos en cintura. Toda la Comunidad Internacional se cruza de brazos y les deja desarrollar tranquilamente su actividad mercantil, los militares mientras tanto tienen que verlos pasar y actuar delante de sus narices, y dedicarse a hacerles fotitos, ¡Cuanta hipocresía! ¡Menuda gentuza la que nos gobierna! Y lo más triste es que todos sabemos que al final la única solución es sustituir el disparo del flash por uno que haga un poco de pupa».

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