«El fotomatón es una ciencia muerta»

El artista dejó su proyecto fotográfico al desaparecer las antiguas máquinas, pero una editorial francesa ha incluido al vigués en una antología sobre el tema


Emilio Cendón (Vigo, 1977), no necesita abuela para recibir piropos. Él mismo se autoproclama «El mejor fotógrafo vivo», y esta sobredosis de autoestima no le va mal para andar por este mundo tan competitivo sacando pecho, aunque solo sea para dar nombre a uno de sus varios blogs. A Cendón no le llega con uno para tantos frentes que tiene abiertos, y aunque no es consciente de estar poseído por el espíritu del coleccionista tradicional, a su manera también recopila, aunque sea en la blogosfera. «Para mí es una herramienta de comunicación y actualidad para el que no necesito depender de nadie», explica.

La fotografía es la que entrevera todos sus trabajos, y cada una de sus creaciones tiene un lugar en el ciberespacio. En Es Imposible muestra sus trabajos fotográficos -arquitectura y paisajes, sobre todo-, además de otros trabajos artísticos, como maquetas de construcciones y paisajes naturales realizadas en papel y en blanco y negro. En Ese algo , el complemento a Es Imposible , opina sobre arte y otros asuntos relacionados con la actualidad artística. También tenía otro blog sobre el fotomatón. El artista, licenciado en Bellas Artes por la Universidad del País Vasco, llevaba más de una década alimentando su obsesión por el fruto del fotomatón, esas máquinas instaladas en lugares públicos que vomitan tiras de imágenes que se suelen utilizar habitualmente para dos cosas: o para hacerse fotos de carné, o para hacer el chorras con los amigos. En su caso, ni una cosa ni la otra. Cendón utilizaba el fotomatón como vehículo artístico y experimento sociológico. «Me atrae el riesgo, la exposición pública y sus limitaciones», relata.

Entre Bilbao y Vigo

Y no ha acabado todavía. Empezó cuando estudiaba la carrera en Bilbao, a raíz de un trabajo de clase sobre el retrato. En el 2001 organizó una muestra de fotomatón en la Sala de Exposiciones del Campus de Leioa después de dar durante cuatro años un curso en la facultad de Bellas Artes sobre el tema. En el 2007 inauguró un blog como forma de ampliar un libro que mostraba su trabajo en este campo desde diciembre de 1999 hasta un par de años después entre Bilbao y Vigo. «Estaba compuesto por fotomatones realizados por mi familia, amigos, compañeros de piso o colegas del instituto, a partir de los ejemplos que yo hice en ese tiempo, pero realizados en su totalidad por ellos, sin mi colaboración», cuenta.

En un libro editado en Francia

El proyecto fotomatón lo ha dejado aparcado por obligación. «Hasta que no vaya al extranjero no podré volver a hacer uno», se lamenta. «Hoy por hoy ya no hay fotomatones como los de antes, ahora son digitales, con una sola foto. Es una ciencia muerta, al menos en España, bromea. En Estados Unidos, Alemania y otros países siguen existiendo, pero aquí no». En el futuro planea seguirles el rastro.

Mientras tanto, esperar ver publicado un libro que dentro de unos meses saldrá publicado en Francia. La editorial gala La Martiniére le pidió incluirle en una obra que promete ser la gran antología del fotomatón: «Recoge su historia desde Andy Warhol hasta Emilio Cendón», ríe. «Cuando yo empecé a interesarme por este tema no había Internet y buscar información era muy complicado. Con el tiempo descubrí que había mucho más material del que yo imaginaba», recuerda. «Ahora me llaman para hacer lo que yo hubiera hecho hace diez años», asegura, y confiesa que tiene muchas ganas de ver ese libro: «Me hace mucha ilusión ver los planteamientos de cada uno de los que participan y saber qué lugar me corresponde, qué puesto juego en el partido», admite.

Superhéroes en bolsas

Para varios proyectos, Emilio Cendón se ha visto a sí mismo actuando como coleccionista para recopilar objetos destinados a formar parte de un juego artístico, como sus fotomatones o su colección de Superhéroes para una serie de fotos, lo que le llevó a hacerse como una ingente cantidad de muñequitos con poderes de todo tipo, que ahora, desposeídos de sus virtudes sobrehumanas, se encuentran en su casa hacinados en una bolsa. «Son mierdillas que guardo por no tirar», cuenta. Pero lo que verdaderamente atrae la atención del vigués son las cartas, y no por el juego, sino por la magia del azar, la prueba, el error, el destino. «Al acabar la carrera, cuando la historia del arte ya no daba para más, me empecé a decantar por la magia como otra forma de conocimiento creativo».

Tarot, Zener y Brian Eno

El artista muestra una antigua baraja de póker que tuneó por completo en su etapa universitaria hasta convertirla en una pieza artística singular; su primer tarot, una baraja egipcia que le regalaron; y la primera que se compró, el clásico tarot de Marsella. «Lo que me gusta de echar las cartas es la interacción. Es un juego que va a influir en lo que tú piensas porque quieres que te influya de alguna forma», opina. Pero su interés por las combinaciones de posibilidades a través de los naipes se ha ido ampliando al conocer otro tipo de juegos. Por ejemplo, las cartas Zener, un mazo de 25 naipes de cinco palos distintos (cuadrado, círculo, estrella, cruz y líneas onduladas), que fueron utilizadas por el parapsicólogo J. B. Rhine y el doctor Karl Zener con el fin de estudiar casos de aparente percepción extrasensorial; o Oblique Strategies , un juego de cartas ideado por el músico Brian Eno junto al artista Peter Schmidt. «Son cien cartas que plantean dilemas ante un estancamiento creativo», detalla. «Me atrae el poder del juego. Y además es divertido», concluye.

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