Los padres vuelven a las aulas para aprender la lección de la dieta sana


Al cerca del centenar de padres (sobre todo madres) de alumnos del colegio Lope de Vega que, por unas horas, regresaron a las aulas para recibir una lección magistral sobre dieta sana, le quedó más que claro que el principal (ingrediente, digo) es el sentido común. Si éste se aplica con generosidad en el menú, está la mayor parte del camino andado. Fue lo que, con otras palabras, vinieron a explicar Antonio Bono y Francisco García de la Montaña a los asistentes, entre los que también había algún niño.

Cocinero el primero y nutricionista el segundo, se han sumado a la campaña Embajadores del Bienestar que, promovida por Fagor, ha recorrido un centenar de colegios. Empeñados en establecer hábitos de alimentación saludable entre los pequeños, ofrecieron algunos trucos infalibles (o casi) para que esa frase tan repetida de «no me gusta» pase a la historia.

Por ejemplo, hay que hacer que participen en la cocina. «Está probado que si un niño decora una ensalada, la prueba. Lleve lo que lleve», asegura Antonio Bono. Y otra cosa no, pero experiencia con chavales tiene un rato. Una década lleva enseñándoles el abc de la dieta sana. Dicha experiencia le dice que los padres tienen mucha culpa (para bien y para mal) en los hábitos de sus hijos. «Parece inconcebible que un niño de tres años vaya al colegio sin desayunar; bueno, pues van», asegura.

La comodidad también hace que se les llene la bolsa de la merienda con productos de bollería industrial. «Claro que pueden tomar bizcocho, pero casero», dice. Los padres fueron tomando nota, y algunos entonando el mea culpa y haciendo propósito de enmienda.

Aunque la clase era para progenitores, también asistieron algunos chavales. Aprovechando su presencia, escenificaron una de esas prácticas que propugnan para interesarles por las cosas del comer. La práctica en cuestión fue tan sencilla como poner la mesa. En este caso, aprovechando las fechas, navideña. También jugaron a identificar olores. Ahora solo resta que los padres hagan los deberes.

Cuenta el pintor que, para la exposición que estos días puede contemplarse en el Centro Social Caixanova, tomó prestado el título (Escoitando medra-la herba) de un disco de Muxicas. «Cuando llamé a José Manuel, el líder del grupo, para pedirle permiso le entusiasmó la idea. Fue muy generoso», reconoce Álex.

Después de recorrer sin prisa la muestra una llega a la conclusión de que expresa muy bien lo que se va a encontrar el espectador: naturaleza a borbotones. «Me peleo con el lienzo», le escuché ayer decir durante la visita guiada que hizo para un grupo de Amigos de los Pazos (Delfina Cendón, Grato Amor, Ana María Areán, Nenesa Paz Andrade...). De esa pelea han salido en este caso 44 obras en las que el paisaje manda.

La génesis de esta vena exclusivamente paisajística que invade al artista, hay que buscarla en el encargo que recibió hace casi tres años para hacer un recorrido pictórico por las camelias en los jardines de las Rías Baixas. Confiesa que «aquello marcó un antes y un después». Buena parte de la culpa la tuvo Carmen Salinero, esa autoridad mundial en camelias que tenemos tan cerca. Pocas personas contagian como ella la pasión que pone en todo lo que tiene que ver con sus flores, sus frutales, sus árboles singulares... «Carmen me facilitó el trabajo de tal forma en su día que lo único que tuve que hacer fue pintar», explica Álex Vázquez.

De aquel recorrido turístico-cultural han surgido estas puestas de sol y estas primeras horas, estos otoños y estas primaveras que ahora muestra. De hecho, ya está pensando en un nuevo proyecto con la naturaleza como protagonista, en este caso con el mundo del vino como telón de fondo. Y otro no menos ambicioso, trasladar al lienzo la fraga de Cecebre o, lo que es lo mismo, los escenarios que inspiraron a Fernández Flórez su Bosque animado.

Álex Vázquez Palacios lleva la vena creativa en los genes. Sobrino de Antonio Palacios, sostiene que un genio de verdad fue su padre, Isidro Palacios. Pionero en el mundo de la publicidad en Vigo allá por los años 60, sus anuncios se adelantaron visual y conceptualmente a su tiempo. «Cuando observo ahora aquellos trabajos me pregunto cómo pudo hacer algo tan valiente», dice.

No menos piropos le dedican a él la ristra de amigos que han dejado por escrito sus impresiones en el folleto de presentación de la muestra: Jesús Izco, Pilar Rojo, César Portela, Mariel Larriba, Guillermo Brea, Carmen Salinero, Pepe Zarza, Carlos Oroza, Ramón Rozas, Fernández del Riego, Antonio de Ron, Pedro Mansilla...

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