A su abuela le gustan las mujeres (en la ficción)

El joven realizador narra la historia de amor entre dos mujeres de la tercera edad


Los que hayan visto la película «A mi madre le gustan las mujeres» seguro que no han podido evitarlo. En su cabeza ya estará sonando la canción de Andy Chango que interpretaba con tanto entusiasmo sobre el escenario el personaje de Silvia Abascal. En el caso del cortometraje «Vellas» del marinense Carlos Prado la historia de amor entre dos mujeres va una generación más allá. Todo gracias a la colaboración y disposición de su abuela y su vecina que ante la pantalla se dedicaron todo tipo de miradas y gestos de amor.

Aunque pueda parecer que lo más difícil fue convencer a las protagonistas, en el caso de Carlos no fue para tanto. «Otras abuelas ayudan a sus nietos planchándole la ropa o dándoles de comer y la mía tiene una forma más de echarme una mano que es actuar en mis cortos», explica el director. De hecho, no era la primera vez que la ponía delante de la cámara. Convencer a su vecina tampoco fue un problema. «Asumieron con mucho humor y entusiasmo la historia e incluso bromeaban con que le iban a encasillar en el papel de tortilleras ». En el ajo también tuvo que meter a su abuelo que hace un cameo en la única escena de cama. «Toda la historia se insinúa y ni siquiera hay un beso. Eso sí, ellas estaban dispuestas a besarse o desnudarse si el guión lo requería», apunta el marinense. «Todo sea por salir de la rutina».

Sin presupuesto

El corto se hizo sin subvenciones y el rodaje fue muy rápido. Duró poco más de dos días. Malita y Aurita, la abuela de Carlos y su vecina, sustituyeron la partida de cartas y los cuidados de la huerta por ensayar y rodar. «Lo mejor de esta experiencia ha sido trabajar con ellas. Es impresionante la facilidad con la que absorbían todo lo que les decías», recuerda Carlos. Casi todas las secuencias las resolvieron en dos o tres tomas.

De su experiencia anterior, Carlos ya manejaba algunos trucos para disimular la ausencia de determinados medios técnicos. «Como no había dinero y no teníamos un equipo de iluminación tuvimos que grabar en exteriores y aprovechar la luz del sol». Otro de los trucos fue eliminar todos los diálogos posibles para que no se notase la ausencia de un equipo de sonido en condiciones. Esta estrategia la llevó hasta sus últimas consecuencias. En los cinco minutos que dura corto solo se escuchan dos palabras: diga y que. Toda la fuerza de la historia recae en la actuación de Malita y Aurita.

A pesar de los pocos medios, el cortometraje ha tenido una gran acogida. En el festival Curtas na Rede se llevó tres de los principales premios: mejor cortometraje de temática sexual, mejor director y mejor actriz, compartido para las dos protagonistas. También es uno de los cuatro nominados a mejor cortometraje de ficción en los Premios Mestre Mateo. «Voy a la gala a hacerme una foto con Carmen Maura y a cumplir un sueño de mis abuelas: sacarles una foto con el protagonista de Padre Casares», bromeo Carlos. La nominación ya es para él un premio y lo que valora es que «Vellas» ha servido para que el sector le conozca y le lleguen ofertas de productoras e instituciones.

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