El cazador de Chejov se acostumbra a los montes de Fornelos

Un director de Marín adapta en su último corto el cuento del escritor ruso


De la palabra a la imagen. El director Ángel Santos quiso sincerarse en su último cortometraje con el público y mostrarle cómo fue parte del proceso que le llevó a trasladar a los protagonistas del relato de Anton Chejov «El Cazador» a los montes de Fornelos de Montes. En principio, la adaptación del cuento iba a ser más sencilla pero llegó un momento en el que ni a él le parecía que tuviese sentido entregarle al público sin más su versión de la obra. Por eso, decidió mostrar buena parte del proceso.

El cortometraje, que también lleva por título «El cazador», dura 25 minutos divididos en tres partes. «No me convencía la idea de ofrecer una adaptación mía de un relato del siglo XIX, así que decidí mostrar cómo era el proceso de elaboración de la ficicón», explica Ángel. Para ello, al principio de la pieza una de las actrices lee el relato y en la segunda parte se ve como los dos actores principales construyen sobre un escenario vacío los personajes, el cazador y la campesina.

El fragmento final es en realidad la adaptación de este director del cuento original y la parte que se grabó entre las parroquias Freaza y Traspielas, en Fornelos de Montes. «De esta manera el espectador percibe mejor qué es lo que cambias y dejas». Le gustaba también la idea de renunciar a la falsa verdad que es en sí el cine.

El cambio de planteamiento del argumento del corto no ha sido lo único que cambió desde que surgió por primera vez la idea en la mente de Ángel. Leyó el cuento cuando estaba buscando relatos que adaptar para un proyecto conjunto con un amigo, que al final no cuajó. Meses después recuperó la idea de llevar al cine el texto de Chejov y presentó su idea a unas ayudas de la Xunta para creadores individuales. «Me concedieron 5.000 euros pero aún así sabía, por propia experiencia, que necesitaba más ayuda, sobre todo, para el apartado de producción. He de reconocer que no es mi fuerte», reconoce el director de Marín. Entonces un buen día se presentó en la sede de la productora pontevedresa Matriuska y les planteó su idea. «Había visto algunas de sus cosas y sus proyectos con Mario Iglesias y pensaba que teníamos puntos en común. Al poco me llamaron para aceptar el corto y lo pusimos en marcha».

Tras un corto rodaje a finales del 2007 y un largo período de montaje, se estrenó oficialmente hace un mes aunque ya había sido exhibido en el festival Filminho. Era su primera experiencia y se llevó dos de los principales premios, teniendo además muy buena acogida de público y crítica. A pesar de ello, ahora le está costando que entre incluso como seleccionado en el resto de festivales gallegos. En parte, está acostumbrado. Le gusta ir un poco al margen del audiovisual convencional. En su lenta carrera, como él la cataloga, ya lleva tres cortometrajes propios y colaboraciones en proyectos de otros realizadores. «Mi objetivo es seguir haciendo mis proyectos y no quiero nada más. No va conmigo la parafernalia del cine y la televisión», confiesa el director.

Salto al largo

Aunque tiene muchos proyectos guardados en el cajón pendientes de financiación, hay uno que le ilusiona especialmente y que ya está bastante avanzado. Se trata de su salto al largometraje. Ángel Santos tiene previsto iniciar en septiembre el rodaje de Dous fragmentos/Eva , un largometraje digital que cuenta la historia de una mujer que se enfrenta a una crisis personal durante una estancia en Santiago de Compostela. «Queremos hacer un rodaje rápido y casi todo en exteriores. Es un proyecto así como de guerrilla aunque en estas cosas no se puede hablar porque nunca sabes como acabarán», concluye el director de Marín.

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