Un niño de Valladolid al que le dan miedo las agujas, que quería ser misionero y que acabó viendo anginas en la casa de la maestra de San Paio de Navia


Natural de Valladolid, llegó con nueve años a Vigo, donde su padre ejercería como médico de Citroën. En el intermedio pasó un año en Peñafiel con sus abuelos y tuvo ocasión de conocer la Semana Santa de Medina de Rioseco. Los pasos de madera maciza le dejaron impresionado. Estudió en los Maristas hasta COU y después Medicina en la Universidad de Santiago. Quién lo diría con el miedo que tenía y tiene a las agujas. De pequeño quería ser misionero, incluso llegó a trabajar para una ONG en Mozambique. La fotografía fue otra de sus aficiones tempranas. Con 14 años heredó de su abuelo una ampliadora y se convirtió en fotógrafo profesional para sacar algún dinerillo. Entre sus aficiones: buceo, voleibol y, sobre todo, pesca submarina.

Su primera consulta privada de medicina la montó en la casa de la maestra de San Paio de Navia. «Allí veía las anginas de los vecinos». Trabajó dos años en Panxón y haciendo sustituciones en la periferia de Vigo. Finalmente se trasladó a O Courel, donde elaboró un diagnóstico de salud para la Xunta. Para matar el gusanillo artítico estudió Artes y Oficios al mismo tiempo que Medicina. Sus primeras molduras fueron en barro, después llegó la madera, azabache y fundición. Ahora trabaja con marmol. Lleva cuatro o cinco años con una cabeza a vueltas. «Ya está esbozada». Le apasiona la docencia y no descarta que se convierta en su próxima actividad. A Pedro Arquero se le cae la baba con su familia. Está casado con la periodista Carmen Domínguez y tiene dos hijos, Carmen y Miguel, de 14 y 18 años.

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Un niño de Valladolid al que le dan miedo las agujas, que quería ser misionero y que acabó viendo anginas en la casa de la maestra de San Paio de Navia