«A una clienta la pararon en Londres para averiguar de dónde era su falda»

Los hermanos Soto han creado una empresa textil en Vigo que puede presumir de un estilo propio que ha traspasado fronteras


La Canalla para muchos vigueses es, desde hace ocho años, sinónimo de estilo y originalidad pero para sus creadores, los hermanos Patricia y Francisco Soto, es más que nada un proyecto que les ha permitido disfrutar del trabajo y conocer el significado de las palabras calidad de vida.

Patricia y Fran llevaban años trabajando en el sector de la moda cuando decidieron montar La Canalla, un proyecto personal que nacía con un espíritu muy similar al que mantiene hoy en día. Cada pieza que hacen es única, «no nos gusta todo lo que implica industrializar nuestras creaciones», aclara Patricia. Además, todas pasan por sus manos. Aunque los tejidos o la confección se los encarguen a alguien, al final los retoques y los detalles los hacen ellos.

Los hermanos Soto se siguen planteando cada colección como una reflexión, o «paranoia» como dicen ellos, sobre un tema concreto. «No son una interpretación de las tendencias y de lo que marcan los gurús de la moda. Vamos un poco a nuestra bola y, por eso, nuestras prendas no pasan de moda con tanta facilidad». Aún así, su estilo ha evolucionado mucho. «No me imagino hoy haciendo las estampaciones de nuestras primeras temporadas, el proceso de elaboración era muy laborioso», reconoce Fran.

Su involucración en el teatro y la danza les ha obligado a reducir el tamaño de sus colecciones pero están encantados porque le gusta explorar los personajes y los textos para plasmar su personalidad en su vestuario. «Nos involucramos muchos en cada proyecto y nos gusta empaparnos antes». Este esfuerzo se lo han reconocido ahora con una residencia artística centrada en el textil como elemento escénico.

La Canalla llegó a la danza y al teatro a través una clienta. No es raro. La gente que ha comprado en la tienda se ha encargado de popularizar sus prendas. «Le debemos muchos a nuestros clientes porque el boca a boca ha hecho mucho por La Canalla», reconoce Patricia. Nunca han hecho publicidad y ni siquiera tienen una página web donde se puedan ver sus diseños y, por eso, su repercusión les sigue sorprendiendo. En Londres pararon a una clienta para preguntarle dónde había comprado una falda y desde Nueva York les escribió una bailarina que en Manhattan no encuentra nada semejante.

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«A una clienta la pararon en Londres para averiguar de dónde era su falda»