«De pequeño era un poco teatrero y me gustaba actuar en los Maristas»

S. Antón

Como en el caso de tantos otros vigueses, el rincón preferido de José Manuel Fernández Alvariño está relacionado con el mar.

En el arenal de Las Barcas tuvo lugar la primera experiencia playera del presidente de la Confederación de Empresarios de Pontevedra y de él proceden los recuerdos más espectaculares de su infancia. Con apenas tres años se trasladaba con su madre en el tranvía, bajaban en la estación de Coruxo y atravesaban los maizales hasta llegar a la arena. En esa playa practicaba la pesca submarina y ayudaba a los pescadores a subir los barcos. Mientras, su madre aprovechaba para comprar unas fanecas.

A estas alturas todavía sería capaz de dibujar de memoria el entorno, el lugar en el que se encontraban las rocas o en el que divisaba algún que otro pulpo.

Con el tiempo, su familia construyó un chalé en las inmediaciones de la capilla de O Vao, donde conoció a una pandilla de jóvenes entre los que se encontraba su mujer, Blanca, siempre con la playa de Las Barcas como fondo.

La tradición siguió al sentar su hogar junto al mar, en la playa de Fuchiños. «Para mí el mar es oxígeno, sobre todo, en invierno con los tonos azules y grises, enciendo la chimenea y lo contemplo, cuando no lo tengo, lo echo de menos». Era lo que le sucedía cuando vivía en Madrid o en Valladolid, donde residió al terminar la carrera de Derecho para trabajar en varias empresas.

Iba para diplomático, pero la inviabilidad de esa carrera, le inclinó hacia las letras. No se arrepiente. Lo demuestra el hecho de que aún recientemente haya abierto un bufete. Pese a dedicarse a las empresas familiares, nunca quiso dejar de lado la abogacía y permaneció colegiado.

«De pequeño era un poco teatrero y me gustaba actuar en los Maristas, hacía representaciones y recitaba poesías, panxoliñas, entonces me empezaron a llamar Cholas y todavía me lo llaman los compañeros de los Maristas o de la universidad».

Rechaza A Laxe

De Vigo le gusta todo. «Una cosa son las deficiencias y la falta de infraestructuras básicas y otra, el entorno maravilloso que hay que proteger como sea». Por eso, desde la Confederación de Empresarios defiende la limpieza de la ría y una depuradora como Dios manda. Y por eso también, rechaza determinadas actuaciones urbanísticas. «Lamento el edificio de la Xunta y el de A Laxe, que han cerrado más al mar la ciudad». Para Alvariño Vigo ha nacido de muchos errores, de trompicones. En su opinión, los vigueses tienen que creer que viven en la primera ciudad de Galicia, una ciudad liberal y plural que vive de su fuerza empresarial y de los trabajadores. Como ejemplo ahí están los sectores pesquero, naval y de la automoción.

El presidente de la CEP es partidario de hacer las cosas por las buenas, o como él dice, de enamorar. De enamorar a su mujer, a él mismo, a los colaboradores, incluso a Magdalena Álvarez, si con eso se consigue que Vigo tenga un AVE de primera en los plazos previstos. Sabe la importancia que tiene esta obra para la ciudad, junto con la ampliación del aeropuerto de Peinador y su gran apuesta, un nuevo puente en Rande para descongestionar el tráfico, que al mismo tiempo se convertiría en el icono de Vigo del que en la actualidad carece.

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