«Que sea grafitero no implica que solo haga arte urbano»

El vigués conocido por exponer en la Tate vuelve a su ciudad para mostrar su obra


A principios de verano, el nombre del artista vigués Nano 4814 apareció en la prensa gallega y nacional por ser el único español que participaba en una exposición de la Tate Modern. Para muchos sigue siendo el «grafitero vigués de la Tate», a pesar de que Nano, que es como le llaman sus amigos y conocidos, ni expuso dentro del museo inglés ni hizo un grafiti. Participó en una exposición que montó el museo londinense pero en las calles aledañas; Nano, como algunos otros de los 30 artistas urbanos participantes, prefirió dejar a un lado el grafiti. Hizo una instalación en la calle, colocando carteles lumínicos antiguos que recogió de la calle y que restauró y decoró.

A pesar de que cada vez le surgen más proyecto dentro de los circuitos artísticos convencionales, este vigués no ha dejado de hacer arte en la calle. Lo ha hecho durante la mitad de su vida, quince de lo treinta que tiene. Empezó en el centro de Vigo con un grupo de amigos locos por el skate. En el 97 se fue a estudiar Bellas Artes a Pontevedra y no lo abandonó, al igual que cuando vivió fuera y estos últimos cuatro que ha pasado en Madrid. Allí donde ha vivido y por donde ha pasado en sus viajes ha ido dejando su huella. Repite siempre el símbolo de un choco soltando su tinta.

No ha abandonado nunca el grafiti, pero en los últimos tiempos está trabajando mucho con carteles lumínicos. Los recoge de la calle, los restaura y decora y les da un nuevo sentido. Su objetivo publicitario lo suple por un mensaje y los instala en zonas abandonadas o en edificios en ruinas. Para conseguir la luz, los conecta a la farola más cercana y allí los deja. «Me gusta el arte en la calle porque es efímero, dura lo que dura y no tienes que estar cuidando las obras». Por cierto, en Vigo aún resiste un cartel que colocó en la calle López Neira hace cuatro años.

LLeva un tiempo asentado en Madrid donde da clases de serigrafía en un instituto y hace todo tipo de proyectos que le permiten vivir únicamente de su creatividad. Ilustración, escultura, diseño gráfico, grafiti, videoinstalaciones... Nano ya ha experimentado con todo y ha participado en exposiciones colectivas por toda Europa. Por eso no le da más valor a la exposición de la Tate Modern que al resto. «La de Londres ha sido una más. Quizás esta ha tenido más repercusión, pero eso ya no depende de mí».

Ahora, le toca el turno a Vigo. Llegó el martes a la ciudad con una furgoneta llena de obras. Desde el miércoles permanece encerrado en la galería Adhoc, donde a partir del 11 de septiembre se podrá visitar su exposición, El principio del fin . Es la segunda muestra individual de su carrera y también la segunda que hace en la galería, aunque esta vez ocupa la sala principal. Trae esculturas, cuadros, instalaciones y los espráis necesarios para hacer un par de murales. Nano se quedará en Vigo hasta poco después de la inauguración. Tiene que volver a Madrid para acabar una réplica en madera del cartel que hizo para la exposición de la Tate. Se la han encargado en París para una subasta. Además, tiene que empezar a preparar un par de exposiciones que ya tiene cerradas. Primero se irá a México para participar en una muestra colectiva y luego hará su primera individual fuera de España. Será en Luxemburgo en una pequeña galería que le ha conseguido un amigo.

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