Breakdance en un escaparate

Un grupo de jóvenes vigueses ocupan a diario el hall de un comercio de Príncipe para entrenar esta llamativa modalidad de baile


Desde hace cuatro años el escaparate de Cortefiel cuando cierra el comercio se convierte en una pista de entrenamiento para un grupo de jóvenes vigueses aficionados al breakdance. Son los miembros del grupo Black Shadows que encontraron en el mármol de este escaparate de la calle Príncipe el mejor lugar para entrenar y para mejorar sus pasos de baile, giros y piruetas.

Para girar sobre uno mismo apoyando únicamente la cabeza o conseguir con solo un codo en contacto el suelo hacer todo tipo de movimientos con las piernas hace falta mucho entrenamiento. «No teníamos donde practicar excepto los sábados, que llegábamos a la sala y nos machacábamos y al día siguiente no nos podíamos mover. Así que decidimos que teníamos que buscar un sitio donde poder entrenar durante la semana y este nos pareció bueno, porque está resguardado y tiene bastante espacio» dice Guillermo Rodríguez, también conocido como Kawa. Así que cogieron un aparato de radio y se instalaron en el escaparate, donde casi a diario entrenan dos o tres horas. Antes de que cierre el comercio colocan sus cosas y empiezan a calentar para que una vez que cierren y y no molesten a nadie poder empezar a entrenar. Los empleados del comercio ya les conocen y mientras fuman los últimos pitillos del día y hacen el inventario aprovechan para ver sus avances.

A esas horas por Príncipe ya no pasean multitudes pero aún así tienen un buen número de espectadores diarios. La mayoría les conocen aunque siempre hay los que pasan por primera vez y se sorprenden. «Hay todo tipo de reacciones, algunas personas mayores se escandalizan pero otras se quedan un rato mirando y se van encantados» dice Pablo Otero, otro de los pioneros de este grupo. Hubo un tiempo en que incluso aceptaron el dinero que les daba la gente que pasaba, para pagar las pilas de la radio pero ahora que la mayoría ya trabajan la mayoría no aceptan las monedas.

Creando escuela

Del grupo que empezaron a utilizar el escaparate para entrenar esta llamativa modalidad de baile aún quedan cuatro, Pablo, Kawa, Sergio y Lúa, una de las pocas viguesas que se atreve con el breakdance y que ya ha conseguido destacar en competiciones de España y Portugal. Pero como reconoce Sergio Barbeito «algunos se quedaron en el camino por motivos laborales o porque se fueron de la ciudad». También es cierto que se les han unido nuevos compañeros. El último en entrar en el grupo fue Guillermo Blanco, un joven de Ponferrada, que cuando hace tres años se vino a vivir a Vigo se unió a ellos. «Cuando los conocí fue genial, en Ponferrada entrenaba solo porque allí no hay nadie que haga esto y entrenando acompañado aprendes mucho más», dice Guillermo. Desde agosto Miguel Pino, de 16 años, también les acompaña en los entrenamientos. Para él es una oportunidad para aprender. «Antes practicaba yo solo con los vídeos que veía, pero así no se aprende nada. Todo lo que sé hacer ahora lo aprendí desde que vengo a entrenar con ellos». De su edad ya hay un par de chicos más que apuntan maneras en el mundillo, una pequeña esperanza para el panorama actual. «En Galicia es imposible», dice Kawa, «la gente aún no sabe lo que es el breakdance. Para muchos somos unos chavales con malas pintas y no saben que la mayoría de nosotros somos mucho más sanos que el resto de los de nuestra edad».

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