Los daños provocados por la onda expansiva y la impresión que el ruido causó a los vecinos acapararon ayer los comentarios
12 dic 2007 . Actualizado a las 02:00 h.No había excusa para no enterarse. Las trabajadoras de las cabinas de peaje eran las primeras en expandir la noticia recibiendo a los madrugadores viajeros con el relato de la explosión de O Porriño. «Debió de ser fuerte porque aunque estamos lejos la compañera del turno de noche lo oyó», comenta una joven en las casetas de cobro. El hervidero principal de especulaciones, hipótesis e incluso balance de daños, sin embargo se ubicaba en la plaza del Ayuntamiento. Allí el quiosco propiedad de Carmen Tellado era punto de encuentro inexcusable para los visitantes interesados en lo ocurrido.
En este pequeño establecimiento la explosión provocó desperfectos en la puerta de aluminio y la rotura de uno de los cristales del exterior. «Si me llegan a destrozar todos los cristales no sé que les hubiera hecho si los pillo», apunta Carmen Bouza, hija de la propietaria del quiosco Mucha de Guerra.
Otro de los daños causados por el artefacto hecho con material pirotécnico se observa en el escaparate de una zapatería. «Cuando oí el ruido y vi la columna de humo junto al Ayuntamiento me preocupé; mi suegra llamó al consistorio para preguntar por el negocio y cuando tuvieron información la avisaron», apunta la responsable del comercio La Guía, Ana Mariño: «A nosotros solo nos rajaron un cristal, además del susto que nos llevamos», admite.
El bajo más cercano
Pese a que más ventanas de otras viviendas cercanas resultaron afectadas, la casa junto al lugar de la explosión fue el que pagó las consecuencias más graves. «Nos rompieron nueve ventanas, del bajo y el segundo piso, además de la lámpara de la terraza; mi padre estaba en la vivienda y se llevó un susto tremendo», comenta el dueño de la farmacia Carmen Peralba, también propietario del edificio junto al que fue colocado el artefacto.
Aunque no implicados directamente, las decenas de vecinos que paseaban durante la mañana por la plaza tenían sus propias teorías sobre el suceso. «Con lo de Cangas tan cerca, cualquiera piensa que esto está relacionado», comentaban algunos mayores. Junto a las especulaciones, lo más repetido son las sensaciones que vivió cada uno de los vecinos cuando oyó el ruido, que se percibió «ata en Pontellas». «Eu pensei que se trataba dalgunha explosión nunha das fábricas, así que saín á fiestra a mirar moi asustada», recuerda una de las vecinas.
Mientras otros lo atribuyeron a un reventón de una rueda, a una caída de andamios en obras cercanas o a un atentado, lo cierto es que la imagen que todos obtuvieron finalmente al salir a la ventana fue la de una columna de humo que marcaba el cielo junto al Ayuntamiento.