Los gondoleros del Miño sobreviven de los recuerdos

Capturas de pocos gramos convierten la pesca de la angula en solo un pasatiempo


La niebla circula y los farolillos parecen luciérnagas flotando en la superficie. Los gondoleros del Miño, con sus cedazos a modo de pértigas, recorren sus aguas en busca de algo más que canciones para una Venecia de cuento. Aquí no hay perdices pero sí historias, las de Fernando, Manolo o Tomás, que añoran los buenos tiempos de la angula. Como si fueran fábulas, recuerdan las redes llenas, los cestos con quince kilos de «meixón» y los pescadores peleando por los mejores sitios.

De todos esos retazos en Tomiño solo quedan los reflejos que deja el auga. En pleno fin de semana y con buenas temperaturas, siete embarcaciones aventureras, cuando solían salir más de treinta, buscan pasar una noche entretenida más que conseguir sustento. El oficio de su juventud ha pasado a ser un mero pasatiempo para las madrugadas sin luna.

Sin pereza pero también sin ánimo la media noche marcha el comienzo de la jornada. Al rozar la una y con el equipo ya en el barco es hora de intentar conseguir alevines de anguila, un tesoro explotado en el Miño y que ha cruzado el globo en sus temporadas pasadas pero que ahora no consigue casi ni llegar a una mesa. La angula del «padre Miño», como lo llama Benito, se está acabando.

Prueba de ello son las pasadas del cedazo, una tras otra, sobre la red extendida. Conseguir que vuelva del agua con algún ejemplar es casi una hazaña que se celebra de cada vez.

Casi de manos vacías

Pese a que los pescadores experimentados como Fernando Ferreira, presidente de la Copesmi, puede distinguir a los alevines nadando por el río para llegar a la red, su agudeza visual no sirve de mucho para una supuesta «buena» noche pero casi sin capturas.

«Veño porque o rapaz insistiu, pero isto xa non é o que era, cando había que pelexar polo sitio e de cada pasada conseguías unha ducia», comenta Tomás Perez. La tradición familiar es la que impulsa en muchos casos a seguir este «pasatempo, porque agora a xente ven, pero xa ninguén vive disto», recuerdan los pescadores.

Si antes con seis meses de veda se podía vivir todo el año, ahora los beneficios que deja la pesca de angula son en algunas ocasiones más personales que económicos.

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