Un año trágico para la Medicina local

Memoria de Vigo En pocas semanas fallecieron González Sierra y José R. Castro, dos eminencias de Vigo


Hay años aciagos en nuestra historia local. Entre los más tristes hay que situar 1944. En el espacio de pocos meses fallecieron dos vigueses que eran eminencias en sus especialidades. Nos referimos al doctor Ramón González Sierra, oftalmólogo, y a José Ramón de Castro, tisiólogo. Los dos, con famas más allá de nuestras fronteras, habían rebasado poco más de 40 años de vida. Nacido en Vigo en 1898, año del desastre, el que sería gran especialista en enfermedades oculares era hijo de un médico cubano afincado aquí de antiguo, y de una gallega. Fue un portento en sus estudios, con incontables matrículas de honor tanto en el Bachillerato como en la Facultad de Medicina de Santiago. En la capital de Galicia los docentes afirmaron que había sido el mejor alumno de los últimos años. No era un empollón alejado de su entorno, si no un universitario reivindicativo, que llegó a organizar y presidir la asociación de estudiantes de su tiempo. Completó su formación en Madrid, París, Lyon, Burdeos, Basilea y Zurich, además de pasar por varias clínicas norteamericanas. Podría haberse establecido en cualquier ciudad, pero lo hizo donde nació, en Vigo. Al final de su corta vida aseguraban que había atendido a 40.000 pacientes. Con alguna frecuencia abandonaba su clínica, mucho tiempo en la calle de Elduayen, para acudir a congresos, impartir conferencias o ver a enfermos que atendían otros colegas, para contrastar diagnósticos. LLegó a impartir clases en la Universidad de Burdeos, invitado por uno de sus maestros, el profesor Lagrange, especialista de renombre universal en su tiempo. La medicina era todo para él y estaba presente incluso en su ámbito familiar. Ya dijimos que su padre era galeno, higienista le llamaban en aquellos tiempos, él estaba casado con una hermana del doctor Padín Botana y el hijo de nuestro personaje, Ramón como él, ha seguido sus pasos hasta la reciente jubilación. El 15 de agosto de 1944 fallecía el oftalmólogo que tiene calle a su nombre en As Travesas. Si él había muerto a los 46 años, más joven fallecería todavía, con 44 años, un gran amigo suyo, el tisiólogo José Ramón de Castro Rodríguez. Si del primero recordamos a su hijo, de éste habrá que evocar a Ramón de Castro Fariña, también médico y presidente del Real Club Celta hace bastantes años, e hijo del galeno del que nos ocupamos. José Ramón de Castro fue un pionero en la tisiología, en lucha con una de las enfermedades más terribles de su tiempo, especialmente en Galicia. Según el doctor Jorge Seoane, coetáneo suyo, antes de la guerra civil morían en nuestra comunidad, de tuberculosis, una media de 4.000 personas anuales y los contagiosos eran en torno a 13.000, sobre una población tuberculosa global de 40.000 personas. Una eminencia como Jiménez Díaz calificó a Castro de sabio europeo. El docotr Castro creó un dispensario gratuito en la ciudad de Vigo, hizo valiosas aportaciones para la sala de tuberculosis del Hospital Municipal y llegó a ser asesor de la presidencia del Patronato Nacional Antituberculoso en plena guerra civil y director del Rebullón.

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