Afectos de oro

La Voz

VIGO

Es el tiempo que se ha pasado Carlos Beloso trabajando en la cosa pública. La mayor parte de él (tres décadas) en Vigo, al frente de la residencia Altamar. El pasado día 4 colgó los bártulos, que no las botas (como se leerá unas líneas más abajo) y pasó a ejercer de jubilado. Los amigos que ha ido haciendo a lo largo de tanto tiempo le prepararon una fiesta de despedida. Fue ayer. Alrededor de 150 personas compartieron mesa y mantel con Carlos en el hotel Ciudad de Vigo. Entre ellos, varios de los que un día fueron sus jefes políticos, como Joaquín Queizán, Gerardo González Martín, Moreira Matalobos o Jesús J. Campos. Bien que sintió el actual delegado, Francisco González, no estar presente, pero deberes de alta política le reclamaron en Santiago. Los que sí plantaron todo compromiso previo fueron sus hijos, nueve en total. Alguno llegó expresamente desde Canarias. Y tampoco faltaron sus doce compañeros de equipo. La edad de Carlos Beloso, 70 primaveras, podría inducir a engaño pero, según me cuenta su antiguo colega y organizdor del sarao Salvador Rodríguez, juega todos los miércoles al fútbol sala, práctica que no piensa abandonar, sobre todo porque cada partido lleva aparajeada una cuchipanda para reponer fuerzas. Por eso lo que decía antes de colgar los bártulos, que no las botas. Otra de sus pasiones confesables son los relojes, así es que huelga decir cuál fue el regalo que recibió a los postres. El otro (regalo, digo), a buen seguro más importante, fue el afecto de los presentes. Ojo, va de faros, o de linternas como también los definió González Laxe. El ex presidente de la Xunta (por cierto, muy ex porque Fraga ya ha cumplido en el cargo cuatro trienios), estuvo en Vigo para contar lo importante que es cuidar el rico patrimonio marítimo que tenemos. La sala de Caixa Galicia se llenó para escucharle. Sin embargo, lo que no había entre el auditorio eran políticos. Salvo la concejala Soledad Polo, que llegó tarde, cuando ya no quedaban butacas libres. El que sí entró en la sala de los primeros fue Paco Santomé. «Hace mucho tiempo que no tengo ocasión de saludar a Fernando» dijo. Supongo que hablarían de sus cosas propias de ex, sin duda más interesantes que cuando sus respectivas responsabilidades eran otras. Quiero decir que así sea. Termino con un toque religioso. Y es que los cristianos, en sus diferentes vertientes (católicos, evangélicos, protestantes y orotodoxos orientales) han organizado una reunión conjunta para restañar heridas. Está visto que el diálogo está de moda. Según nos recuerdan desde el Obispado, han sido muchas las iniciativas llevadas a cabo en el último medio siglo para restaurar la primitiva unidad de los cristianos. La que se celebrará el próximo día 24, en los Capuchinos, será una más. La verdad es que, después de 500 años de enemistad, va siendo hora de hacer las paces.