ANTÍPODAS | O |
22 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.LOS DUEÑOS de bares del Arenal quieren instaurar la «hora feliz», como se la ha llamado en el mundo anglosajón, para animar a la gente a iniciar antes el ritual de la salida de fin de semana. Los horarios de la movida viguesa son insufribles. Salvo para los entrenados, y aquellos que al día siguiente no quieran hacer otra cosa que dormir. Son resultado de cierto borreguismo: adonde va Vicente, va la gente. Y a la hora que vaya. Todos a una, ovejuna. Los locales están vacíos hasta las cuatro, y nadie quiere entrar en un local vacío, luego nadie entra. Y así llevamos años. Si Vigo fuera una ciudad más grande habría locales para todos los horarios. No somos tantos y no hay tanto donde elegir. La idea de la happy hour es buena; otra cosa es que logre atraer gente. Ojalá. Si el desmadre codificado del fin de semana se celebrara antes, desaparecerían ciertas secuelas conflictivas, verbigracia, los ruidos, o sea, el rugido de las feromonas excitadas por el alcohol que reverbera durante horas en ciertas zonas y molesta a todos menos a los aulladores. Aquí se ha tolerado hasta la náusea a los hombres lobito. Aún recuerdo el cubo de agua que nos cayó en Venecia una noche, a unos cuantos, por ir hablando en voz un poco alta. En España se tragan carros y carretas, y luego ya, que venga la poli. Los que salen creen que su derecho a alborotar pinta más que el derecho de los demás a no oírlos. Están convencidos de que la diversión ruidosa y callejera tiene un plus de legitimidad. Y esa peculiar escala de valores se confirma a escala social: la fiesta, in Spain, manda sobre todo lo demás. Si protesta, es usted un cenizo. Pues a ver si cunde lo del Arenal y mutan las viejas costumbres.