CONTRAPUNTO
07 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.LO han dicho prestigiosos arquitectos y urbanistas de Galicia. A medio plazo, alejar el tráfico del centro urbano parece la única medida razonable para pegarle un tajo a la congestión diaria y comenzar a hablar de una ciudad «amable». No es utopía. Limitar el corazón de Vigo a un transporte urbano fluido y eficaz, con las frecuencias debidas y una flota acorde a las nuevas necesidades, podría acabar con el caos adherido al tráfico ordinario. Los más osados dibujan pasillos mecánicos para salvar las cuestas y completar un círculo urbano agradable al peatón. El dato impone una reflexión. Excelsas ciudades de Europa exprimieron su circulación hasta limitarla a las entradas y salidas de grandes aparcamientos y los pasillos para residentes. Por encima de la respetable opinión de los comerciantes, siempre hostiles a la peatonalización, de estas arriesgadas apuestas podría nacer la próxima revolución rodada.