La Mirilla Chus Lago relató ayer la odisea vivida durante la escalada al Pobeda, la cima más dura de su trayectoria deportiva
22 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.El repaso, casi novelado, realizado ayer por Chus Lago de la ascensión que le llevó a coronar el pasado día doce la cima del Pobeda estuvo marcado en todo momento por la emoción y el reconocimiento de que, sin duda, ésta ha sido la montaña que, ya desde el inicio, peor la ha tratado. No obstante, la satisfacción sentida por encontrarse entre las quince mujeres que han logrado alcanzar con éxito la cumbre del Pobeda, de 7.439 metros de altitud, es máxima. Al sentimiento de orgullo por ser una de las pocas mujeres que han alcanzado esta cima, Chus Lago no pudo evitar unir también la manifestación de su tremenda emoción al relatar el peor momento de la escalada. Recordar cómo un montañero inglés se despeñaba sin que ella pudiera hacer absolutamente nada por ayudarle hizo que la escaladora viguesa olvidara por momentos la congelación de varios dedos de su mano derecha. Aunque la alpinista fue tratada en una clínica de Zaragoza de las lesiones sufridas, aún tendrán que pasar varios meses antes de «volver a tocar una roca». Otro de los momentos difíciles de las jornadas vividas en las laderas del Pobeda relatadas por Chus Lago consistió en la noche pasada a la intemperie, sin saco ni tienda en la que guarecerse. Del breve rato en que se quedó dormida fue despertada por el crujir de la nieve, y prácticamente durante cuarenta horas se vio obligada a resistir en un mismo punto, pero moviéndose sin cesar para no morir congelada. Entre tanto, su compañero Merab Kharazi, había acudido a recoger ropa de abrigo y líquidos. Poco después, ambos fueron atendidos por otros dos alpinistas y recogidos por un helicóptero. El traslado al campamento base motivó un momento sumamente extraño de la expedición, al paso, casi flotando, de los cuatro mil quinientos metros de altitud donde fueron recogidos a los dos mil del final del recorrido. La consecución del Leoardo de las Nieves es el nuevo reto que Chus Lago y su compañero georgiano, Merab Kharazi, tratarán de conseguir el próximo verano. Este título, instaurado en 1957, se concede a quienes acceden a los picos más altos de la antigua Unión Soviética. Para ello deberán alcanzar las cumbres del Pico Comunismo y del Korgenevskaya.