Una mujer que manda

La Voz

VIGO

Cuentos Municipales

05 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

acompañado de su tataranieto Cachamuíña , ha acudido a la cafetería del Concello para obtener motivos para su inspiración como cuentista. Ambos, disfrazados de absentistas funcionariales, especie muy perseguida últimamente pero tan nutrida que resulta fácil pasar inadvertido con ese camuflaje. Apenas han accedido al local han fijado su atención en una mesa, en la que charlan y toman café El Parachoque, una de las ediles de más confianza del jefe, El Principito Valiente , que lleva los asuntos de personal, y El Justeciero Laboral. Es el correligionario de ésta y apeó de la presidencia del comité de empresa a El Jockey Descabalgado, que debería escribir en gallego, pero confieso mi ignorancia de la lengua, como El Principito. De vez en cuando, ella toma una ampolla de la elegante mochila que lleva a la espalda, y se la inyecta en pequeñas dosis a todo el que encuentra en varias docenas de metros en derredor. -Mi querida amiga -le comenta El Justeciero al regresar a la mesa-, cada vez adquieres más pericia en la vacunación genérica contra la baja laboral. A este paso, en cuanto tu invento surta efecto, no va a caber el personal en las oficinas. Vamos a tener plétora...¡Qué hermoso espectáculo nos espera! En una nueva y breve incursión por las mesas de las inmediaciones, El Parachoque comete un grave error con un señor menudo de estatura y ancho de espaldas. - ¡Oiga, a mí no me toque! -grita malhumorado cuando siente sobre su brazo la aguja-, ¡que yo soy de Beade, no tengo nada que ver con esto y he venido a empadronarme! A ver si encima de exprimirnos con los impuestos va usted a agujerearme el brazo. El Parachoque no desiste -bueno sí en el caso del de Beade, naturalmente- y sigue su cruzada contra los absentistas. Dicen las malas lenguas que con lo que ha consumido en llamadas telefónicas a los trabajadores que están de baja, ha gastado una parte importante de lo que repercute negativamente el índice de absentismo en el Concello. Lo cierto es que está echando fama de dura y algunos aventuran que puede ser eficaz a medio plazo... si aguanta la presión de parte de los sindicatos y de muchos funcionarios aislados. Una vez en la mesa, nuevamente con su correligionario, El Parachoque tiene una duda que plantea a El Justeciero Laboral. -Dime una cosa, Justeciero, ¿tendré que clasificar como bajas técnicas las horas de los liberados sindicales de esta casa, que dicen que abundan? Porque como tenga que sumar esa partida al absentismo, por mucho que me esfuerce no hay quien maquille los resultados. Antes de que se produzca la reacción del otro, imprevisible, se aproxima a la mesa Sor Alegría, probablemente la concejala más sonriente. Y activa, ¡qué remedio!, si le han colocado las responsabilidades en cascada: Medio Ambiente, Mujer, Parques y Jardines, Deportes... Aparece con todo el cuerpo cubierto con los típicos protectores de rugby. -¿Quién patrocina tu concejalía, que te pone de esa guisa? -inquiere El Parachoque. -Nadie, guapa, no es eso -responde, naturalmente sonriendo, Sor Alegría-. Es que yo no he tenido demasiada relación hasta ahora con el mundo deportivo y me estoy familiarizando con él, deporte a deporte, uno a uno. Ahora estoy con el rugby, pero ya he superado la prueba con algunas otras modalidades. Lo que no le ha dicho Sor Alegría, es que a nada que se descuide El Parachoque pueden no resultarle suficientes los protectores del rugby para caminar por el Concello. Que antecedentes del vigor funcionarial, hay. -Pues sólo falta -remata El Parachoque- que te lesiones, querida, y tenga que comprobar a domicilio si tu baja es o no es fingida.