La cara más amable de Vigo

J. Fuentes / M.J. Fuente VIGO

VIGO

CAPOTILLO

Lois Castrillo y el conjunto de la corporación se esforzaron por hacer agradable la estancia en el Concello del responsable estatal de Infraestructuras

18 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

La tradición combativa de Vigo no fue visible durante la visita de Francisco Álvarez Cascos. La persona responsable del alejamiento del Prestige se encontró una ciudad en la que no parecía existir recuerdo alguno de la protesta del sábado anterior contra la guerra o de la también masiva contra el accidente del petrolero. Teniendo en cuenta el despliegue policial quizás fallaron los manifestantes pero no las fuerzas del orden. La plaza del Rey estaba totalmente vallada desde hora y media antes y la policía impedía circular por el recinto. Numerosas dotaciones de agentes del orden aguardaban apostadas en las inmediaciones.Ante semejante panorama la cifra de manifestantes resultó escandalosamente baja, en lo que muchos interpretaron como un pacto encubierto. Lo cierto es que no se produjo siquiera una convocatoria para expresar el malestar ciudadano ante el ministro Cascos, a su vez miembro del Gobierno Aznar que impulsa al máximo la colaboración con el presidente norteamericano.Fueron escasamente una treintena de personas (Xerardo Abraldes, Fernando Seixo y unos pocos más) quienes le gritaron «¡dimisióóóón!» en los segundos que tardó en introducirse en el Concello.Dentro del edificio municipal todo había sido previsto para evitar cualquier incidencia. La planta de la alcaldía estaba blindada, con la puerta cerrada a cal y canto y varios agentes vigilando. Los ascensores, por su parte, habían sido manipulados para que no se detuvieran en el primer piso. Guión estricto Con Lois Castrillo de anfitrión, el ministro Cascos fue introducido en la alcaldía donde mantuvo un encuentro con su antecesor. Después, firma en el libro de honor y saludo a toda la corporación. Obviamente, no estuvieron los ventisiete ediles pero sí la mayoría. Y lo más importante, ninguno se salió del guión. Los nacionalistas habían pactado el desarrollo del encuentro con Fomento y de no existir pacto sería difícil de encontrar explicación. El contrapunto, cercano en el tiempo pero muy lejano en su planteamiento, fue la inauguración del museo de arte contemporáneo (Marco): ese día de diciembre hubo una masiva protesta ciudadana ante el príncipe Felipe y Fraga, carga policial incluida, y varios concejales recibieron a las autoridades con pegatinas sobre el traje. Ayer, ni rastro de cualquier síntoma de protesta.Concejales que estuvieron con el ministro confirman que la charla fue breve pero distendida. Tras el saludo, departió con los portavoces de los grupos municipales en el despacho de Castrillo.Buena prueba de lo cómodo que Cascos estaba en el Ayuntamiento de la mayor ciudad de Galicia fue que optó por comparecer ante los periodistas aunque sólo iba a hacerlo Castrillo. El resultado final fue que el ilustre visitante, el primer ministro al que el actual alcalde recibe, eso sí, hablando gallego, explicó que es más fácil invertir en las ciudades que colaboran y no alborotan. Testigos del mensaje, el Delegado del Gobierno (en la mesa presidencial, pero mudo), el nuevo conselleiro de Política Territorial y varios concejales además de un alcalde que sólo habló para dar las gracias al ministro.