En esta ocasión, fue la Administración número uno de Caldas de Reis la encargada de repartir por vez primera en esta localidad una buena lluvia de millones. «¡Me da mucha alegría!, ¡una alegría tremenda!», manifestó emocionado el lotero.
22 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.«Me equivoqué», añadió Serafín Martínez, responsable de esta administración, quien unos días antes había calificado de «pura superstición» el hecho de haber agotado todos sus números por la creencia común de que aquellas localidades que a lo largo del año sufren catástrofes resultan agraciadas en la lotería. En este sentido, Martínez apuntó que, incluso, le habían pedido décimos desde diversos puntos de la geografía española. «Yo no creo en estas cosas», había dicho días atrás, pero ayer reconoció con satisfacción su relativo error, porque resulta que el número agraciado se agotó ya en agosto, cuando el río Umia todavía discurría con normalidad por su cauce. Ayer los nervios le traicionaron en un primer momento, cuando creyó que tan sólo había repartido 72 millones, pero la suerte multiplicó por diez sus cálculos iniciales. María Jesús Martínez Castro, hija del propietario del negocio, celebró con su padre esta memorable jornada, aunque la fortuna no les sonriera a título personal.