Djalminha: «Pasé en el Deportivo los años más felices de mi carrera»

Asume que el Palmeiras «fue el mejor equipo» en el que jugó pero no alcanzó el estado de satisfacción permanente en que vivía en A Coruña


La Voz / Redacción

Si hablar de Bebeto en el Deportivo es sinónimo de goles, hablar de Mauro lo es de caballerosidad y hablar de Fran es recordar su compromiso y evocar al único participante directo en la conquista de los seis títulos oficiales, referirse a Djalminha implica, obligatoriamente, poner el énfasis en la palabra magia. El genio de Río recuerda su etapa en A Coruña con motivo del 110 aniversario del club blanquiazul.

 -¿Cómo llegó un futbolista como usted a un club como este?

-Estaba en Bolivia jugando la Copa América con la selección brasileña. En aquel momento se estaba negociando mi salida del Palmeiras. Había varios equipos interesados. Pero Mauro y Flavio me hablaron muy bien de A Coruña y del Dépor. Me comentaron que la idea era formar un gran equipo y que yo podía encajar muy bien allí. Además de ellos dos estaba Rivaldo y acababa de fichar Luizão... El hecho de tener esos cuatro compañeros, además de Donato, fue definitivo. No lo dudé mucho.

 -Riazor parecía un pequeño Maracaná.

-Sí porque hacíamos un buen bloque y teníamos amistad. Yo a Flavio, Luizão y Rivaldo los conocía de haber jugado en el Palmeiras. Pero, por ejemplo, con Mauro también había muy buena relación por la selección. El que menos, aunque también conocía , era a Donato. Teníamos un gran equipo. Y nos integramos bien con todos los jugadores. No por el hecho de ser brasileños íbamos todos juntos al margen del resto. Donde más coincidíamos era quizá situándonos juntos en los entrenamientos. Porque fuera, yo, por ejemplo, me llevaba muy bien con otros, como con Fran. Teníamos un gran equipo. Lástima que el Barça se llevara a Rivaldo.

 -Usted fue protagonista de las últimas horas de Rivaldo en el Dépor. ¿Cómo las recuerda?

-Estábamos concentrados porque jugábamos el Teresa Herrera. Yo compartía habitación con Mauro y él vino a verlo. Dijo que tenía una propuesta muy buena del Barcelona, pero que si el Deportivo le aumentaba un poco la ficha, que quizá se quedara, que estaba muy feliz en A Coruña. Era nuestro amigo y le hablamos con sinceridad. Nos hubiera gustado que se quedara, pero le dijimos que no podía dejar escapar una oportunidad como aquella. Era una ocasión única en su vida.

Djalminha pone patas arriba Riazor Djalminha llevó el delirio a Riazor con un golazo de bandera que dio los tres puntos con un golazo inolvidable

 -¿A usted le quedó la pena de que no le llegara una ocasión así?

-Cuando firmé por el Deportivo tenía claro que yo nunca me iba a ir de aquí salvo que el club me quisiera vender. La cláusula de Rivaldo era de 24 millones y la mía en su momento, en el año 97, ya estaba en cien millones. Ya sabía que iba a ser imposible salir. De todos modos, yo estuve siempre tan feliz en A Coruña que nunca quise salir. De hecho, renové cuando aún me faltaba más de un año de contrato. El mejor equipo en el que jugué fue el Palmeiras, pero los mejores años de mi vida los pasé en el Deportivo. Allí fue donde fui más feliz. Dentro y fuera del campo. Me gustaba la ciudad, la gente... Todo era perfecto.

 -Hasta que dejó de ser todo perfecto y se fue.

-Salí porque no estaba jugando. Si estuviera jugando no habría salido nunca. A uno le gusta jugar. Cuando salí a Austria, el presidente no quería liberarme. Yo le dije que si estuviera jugando, no tenía ganas de ir a Austria. Pero la propuesta financiera era muy buena, iba a poder jugar un año y en el Dépor no jugaba. Intenté volver a ver si conseguía entrar en el equipo y tuve minutos, pero no los que yo quería.

-¿Valieron la pena esos años aunque no tuviera el protagonismo deseado?

-Sí. La Liga que ganamos hizo que todo el resto valiera la pena. Tenía muchas ganas de conquistar ese título y me compensó todo lo que después pudo pasar. Después de que ganamos ver cómo se quedó la gente, la alegría, la plaza de María Pita... Imágenes imposibles de olvidar.

-Una lástima su falta de entendimiento con Irureta.

-No es que tuviera problemas con él. Nuestras diferencias eran de ideas futbolísticas. No con la persona. Yo creía que se podía jugar de otra forma. El año que ganamos la Liga siempre me alineaba, y al siguiente también empecé como titular pero luego me cambiaba. Luego llegó una lesión y se acabó. Entró Valerón y ya dejé de contar yo.

-En más de una ocasión ha dicho que tenían que haber ganado más títulos.

-Es que nosotros teníamos equipo para eso. Pero hay que ser competitivos. Si uno tiene posibilidad de ganar títulos no debe conformarse por haber ganado ya uno. Ganamos una Liga, que está muy bien, pero no por eso hay que conformarse. Tras eso fuimos segundos dos años seguidos y nos quedábamos contentos con eso. ¿Por qué? No debía servirnos porque podíamos haber ganado más. Cuando se puede buscar el máximo, hay que buscar el máximo, no contentarse con lo que ya se tiene. Aunque solo sea por la historia del club. Qué bonitas quedarían ahora más Ligas.

-Como la Champions perdida frente al Oporto.

-Lo de la semifinal de la Champions no me gusta recordarla. Pero sí puede ser un ejemplo. Está claro que para la historia del Deportivo llegar hasta ahí ya es un éxito, pero podíamos buscar algo más. Sobre todo, en el segundo partido. En casa, teníamos que haber ido a por la victoria. Nos enfrentábamos a un gran equipo y conseguimos empatar fuera, que no es fácil. Pero en casa no intentamos buscar la victoria desde el primer momento. Esperamos a que llegara el error del Oporto, algo que era complicado.

-¿Y por qué no se jugó ese partido como el del Milan?

-Pues porque hay una disciplina que hay que cumplir. Y un planteamiento que está ahí. Además, contra el Milan tampoco salimos a morder desde el inicio. Entramos para jugar bien y, si era posible, ganar. 

-¿Cuál fue el planteamiento contra el Milan?

-Disfrutar del partido y dar una satisfacción a nuestra afición ganando. Poco hablamos en las charlas de clasificarnos. No teníamos esa idea. Contra el Oporto fue diferente. Veníamos con un 0-0 y teníamos posibilidades. Pero quedamos ahí jugando un partido con cautela, con precaución de no recibir gol, porque el 1-1 los clasificaba a ellos. Así jugamos más pendientes de no encajar que de atacar.

 «Pronto aprendí lo que era un derbi y los disfruté»

 Si hay dos partidos que Djalminha marcaba en el calendario eran aquellos en los que el rival era el Celta. Los derbis fueron, desde muy pronto, encuentros en los que disfrutaba al máximo. Esa tensión previa. Ese graderío lleno. Esa rivalidad... 

-Sin ser coruñés, siempre se le vio muy metido en los derbis. ¿Por qué esa pasión?

-Ya había jugado muchos derbis en Brasil y sabía lo que significaban. Pero aquí fue diferente. Pronto aprendí lo que era y lo disfruté. Recuerdo antes del primer derbi que yo jugué que el equipo no iba muy bien y la afición vino contra nosotros. Estábamos jugando mal y nos venía encima diciendo que en el derbi no podíamos perdonar y esas cosas. A mí me había molestado especialmente porque pensaba que había que ganar todos los partidos, no solo el derbi... Pero cuando vi el ambiente que se generaba y eso pues comprendí lo que significaba y por qué esa exigencia de la afición. Así que pronto me contagié de su entusiasmo. Coincidió que se creó una rivalidad, además, con los rusos que le daba un aliciente mayor. 

-Y tanto que se creó rivalidad. Desde la colleja a un ¡Viva Chechenia!

-Eran partidos totalmente diferentes. El de la colleja fue un encuentro muy importante para nosotros. Y, sobre todo, para nuestra afición. El Celta iba clasificado en el segundo puesto, fue el año que ganamos la Liga. Tenían un equipazo. Siempre lo dije. Me parecía sorprendente que no ganaran nada con todo lo que tenían. Estaba siendo un encuentro complicado. El Celta se estaba mostrando mejor en el campo y yo pensaba que tenía que hacer algo. En un lance del partido consigo ganarle a Makelele un balón de cabeza y Turu Flores marca. Entonces es cuando me digo: «Ahora es el momento de liar el partido». Y empecé a montarla. Son cosas que se hacen para calentar el duelo. Se enfadaron mucho y conseguimos que perdieran un poco de concentración.

 -Fue el año de la Liga. ¿Con qué se queda, con ese título o con la Copa del Centenariazo?

-Ganar la Liga es algo mucho más complicado, porque tienes que jugar 38 partidos y superar en esa regularidad a equipos como Barça o Madrid. La Copa también tiene su encanto. Y la que ganamos en el Bernabéu es algo que quedará para la historia, pero me quedo con la Liga. 

-¿Flavio sigue esperando que acepte la invitación?

-(Se ríe). No lo hizo por mal. Nos vimos antes de empezar el partido y nos dijo que nos invitaba a la fiesta que iban a tener tras la cena. «Vamos a tener una fiesta, si quieres venir...», me dijo. Nosotros le respondimos que recordara que había que jugar el partido primero. 

-¿Y él fue a la fiesta del Dépor?

-No. Quedaron muy tocados. Hay que darse cuenta de que por la cabeza de los jugadores, aficionados y directivos del Real Madrid no había pasado en ningún momento perder. Si nosotros llegamos a caer aquel día, pues habríamos estado fastidiados, pero no hubiera sido tan sorprendente. Para ellos, sí. Fue bastante duro.

«El gol al Celta me quedó grabado»

Igual que con Bebeto puede haber discusiones, pocos son los que se atreven a hablar de un gol de Djalminha y no referirse inmediatamente al que le metió al Celta en la temporada 2000-2001. Ni él lo hace.

«Es una respuesta muy sencilla. El gol contra el Celta es el mejor que marqué con el Deportivo. Lo tiene todo y no solo la belleza. Era contra nuestro eterno rival y sirvió para ganar un partido muy importante. Valió tres puntos y puso a la gente muy contenta. Mi fútbol siempre fue encaminado a que la gente fuera feliz. Si la afición estaba contenta, yo disfrutaba más todavía en el campo», recuerda el ahora televisivo Djalminha.

Aquel gol no pasó inadvertido para el mundo futbolístico -«muchas veces me lo han recordado fuera de A Coruña», recuerda- y mucho menos para el club. Djalma recuerda que tras aquel partido le llegó una importante propuesta de ampliación de contrato.

«Yo no sé si ya lo tenían pensado o no, pero lo cierto es que al día siguiente al partido, me llamó el presidente y me dijo que quería ampliarme el contrato. Aún me quedaba tiempo, pero él me hizo una oferta muy buena. Si ya lo tenía pensado de antes o no, no lo sé, pero la verdad es que fue después del gol cuando me lo dijo», recuerda con una carcajada el astro brasileño que tantas tardes de gloria ofreció en Riazor.

«Mauro y Fran se merecen un lugar especial»

Durante la etapa de Djalminha en el Deportivo, por Riazor pasaron futbolistas de la talla de Valerón, Makaay, Diego Tristán, Naybet... Pero para él, hay dos nombres que brillan con luz propia. Se trata de Fran y de Mauro Silva, dos jugadores que «por su importancia se merecen un lugar especial». Pero, aunque no jugó con él, a Djalma también le viene otro nombre a la cabeza. Es el de su compatriota Bebeto.

«Era un jugador fenomenal. Lo tenía todo. Pero dado el tiempo que estuvieron en el Dépor y la importancia que tuvieron en momentos clave, creo que Mauro y Fran se merecen un lugar especial», insiste el brasileño.

Con Fran fue, quizá, con el futbolista que más congenió en A Coruña. «Lo era todo. Nos entendíamos muy bien dentro del campo. Intentábamos repartirnos toda la parte de creación del equipo. Nos ayudábamos y nos entendíamos muy bien. Siempre buscando lo mejor para el equipo», explica.

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