Un recital con dos registros

El Fabril arrolló al Castilla en 18 minutos y supo sufrir una hora en inferioridad. Borja Galán, Uxío y Pinchi firmaron la goleada (3-0)

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Al fútbol se juega con los pies, pero también con la cabeza. Y el Fabril lo demostró dominando todos los registros que le exigió el partido contra el Castilla (3-0). El filial blanquiazul bordó el fútbol durante 31 minutos, en los que marcó sus tres goles y ridiculizó al todopoderoso rival, y luego supo interpretar el juego para mantener la renta durante una hora, jugando además en inferioridad numérica.

Cristóbal Parralo introdujo tres variantes en el once: Francis debutó en Segunda B relegando a Álex Cobo al banquillo, Quique Fornos recuperó la titularidad en detrimento de Raúl y Bicho se puso el 10 a la espalda en lugar de Martín Bengoa. Y a pesar de la fiereza del rival, el preparador cordobés planteó un partido valiente, con presión alta y un juego al primer toque que desarboló al Castilla en la primera media hora.

Bien es cierto que al filial deportivista le acompañó la puntería. Jugó bien. Muy bien. Pero además encontró red en sus tres primeros lanzamientos a puerta: Galán, de falta (minuto 9), Uxío tras rechace de Luca Zidane (15) y Pinchi desde la frontal (18). Carlos López y Edu Expósito se merendaron al centro del campo madridista y Bicho hizo diabluras entre líneas. El sadense dio una master class de juego rápido que desnudó al Castilla.

La injusta expulsión de Carlos López, a la media hora, en un balón dividido, cambió el encuentro. El Fabril pasó a defender en 45 metros, Queijeiro entró por Uxío, y el Castilla comenzó a generar peligro. De hecho, los blancos tuvieron el gol al filo del descanso en una internada por la izquierda de Reguilón que One salvó bajo palos a tiro de Tejero. El central hizo un partidazo.

Solari se la jugó en el descanso pasando a defender con tres hombres. Pero lo cierto es que el filial solo sufrió, en contadas ocasiones, y siempre con Quezada como protagonista. Bien replegados atrás, con Pinchi multiplicándose para correr a por todos los balones y además ser el primer defensor, pudo incluso marcar algún gol más a la contra. La ocasión más clara fue de Queijeiro, que corrió desde medio campo solo para errar en el mano a mano final con Luca. El Fabril aguantó. Queda la duda de qué habría pasado si el árbitro le hubiera permitido jugar once contra once todo el duelo.

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