Óscar Gilsanz: «Tengo ganas de volver al banquillo»

TORRE DE MARATHÓN

Una vida consagrada al balón, el vértigo del salto al primer equipo y la radiografía del Dépor: repaso a fondo a la trayectoria de un técnico de club

30 sep 2026 . Actualizado a las 10:08 h.

 Óscar Gilsanz (Betanzos, 1964) acudió al plató de Torre de Marathon con la tranquilidad y la naturalidad que siempre le han caracterizado. Exentrenador del Deportivo y clave en una brillante generación del juvenil y el Fabril, repasa su trayectoria, analiza la actualidad del conjunto blanquiazul y desgrana el talento de una generación de canteranos a los que conoce a la perfección.

—Lleva algo más de un año sin entrenar tras su salida del Deportivo. ¿Tiene ganas de volver al verde?

—Mentiría si dijera que no tengo ganas. Al principio, cuando uno deja de entrenar, necesita un época para desconectar y dedicar tiempo a la familia. Pero nos dedicamos a esto porque es nuestra pasión. Llevaba entrenando ininterrumpidamente desde los 14 años. Este tiempo me ha servido para ver fútbol, viajar y conocer otras maneras de trabajar.

—Su nombre sonó para banquillos como el de la Cultural Leonesa...

—En esta época se ha relacionado mi nombre con varias circunstancias. La veracidad depende; en algunas había algo y en otras no. A veces fue por decisión propia y otras por decisión de los clubes.

—¿Está abierto a irse al extranjero?

—Se dieron algunas situaciones fuera que no vimos convenientes, pero estoy abierto a irme fuera. Evidentemente, si es aquí, mejor; pero si surge algo fuera, no habría problema.

—Empezó a entrenar siendo prácticamente un niño, con 14 años. ¿Cómo se gesta una vocación tan temprana?

—En los equipos modestos de base, como el Betanzos de aquella época, siempre hay una necesidad imperiosa de técnicos. Empecé a entrenar a niños casi sin darme cuenta, con muchas ganas y poquitos conocimientos. Estuve 20 años en el Betanzos pasando por todas las categorías hasta que me retiré como jugador de Tercera División en el 2005.

—De jugador militó 13 temporadas en Tercera. ¿Llegó a rozar el fútbol profesional?

—Cuando eres joven todos sueñas con ser profesional. Con el tiempo me di cuenta de que mis capacidades no me permitían jugar más arriba. En mi conciencia tengo la absoluta tranquilidad de que jugué al fútbol en la mayor categoría que mis condiciones me permitían, gracias a la disciplina y al trabajo invisible.

—¿Cómo recuerda el día en el que le comunican que pasa del Fabril al primer equipo?

—No me lo imaginaba para nada. El martes, día de descanso, acudí a Abegondo a trabajar. A media mañana me llamaron de la dirección deportiva para decirme que, de momento, no había entrenador y que era posible que yo me encargase el miércoles. A última hora de la tarde me dicen que me olvide del Fabril y me centre en el Cartagena.

—En enero llegó otro momento durísimo con la marcha de Lucas Pérez, el líder del vestuario.

—Fue una situación muy delicada. Mi mayor preocupación era que el equipo no notase esa falta a nivel de resultados ni de juego. Teníamos que darle normalidad. Lucas era insustituible por lo que significaba para el deportivismo, pero el equipo tenía que seguir compitiendo. Salimos adelante y estoy muy orgulloso de cómo se gestionó.

—¿Le queda resquemor por no haber continuado tras lograr la salvación con holgura?

—Cogimos al equipo en la jornada 12, terceros por la cola, y desde ahí llevamos un ritmo de puntos de play off. ¿Resquemor? Uno siempre quiere seguir en un proyecto tan ilusionante.

«El Dépor está preparado para competir en cualquier contexto»

El entrenador blanquiazul analiza el excelente y sólido momento que atraviesa el Deportivo en su ilusionante regreso a la élite. El técnico betanceiro, que conoce como pocos los entresijos de la entidad y la exigencia de la categoría, destaca el gran acierto en la planificación deportiva realizada en los despachos y la tremenda capacidad táctica del equipo. Asimismo, pone el foco en la inagotable evolución de futbolistas como Diego Villares.

—¿Le está sorprendiendo el rendimiento del Deportivo en su regreso a Primera División?

—Sorpresa no diría. El club se ha movido muy bien en el mercado tanto la temporada pasada como esta. El equipo tiene la capacidad de adaptarse a los diferentes contextos que se dan durante un partido: sabe sufrir replegado cerca de su área cuando el rival domina y también llevar la iniciativa cuando toca proponer. El mercado ha sido un acierto rotundo y hay una comunión excelente con la afición que potencia todas las virtudes del grupo.

—Contra el Betis fueron protagonistas Villares, Mella y Barcia, tres jugadores a los que conoce desde la base. ¿Quién le sorprende más?

—Lo de Diego Villares es admirable. Lo conocí cuando era juvenil en el Racing Vilalbés y ya jugaba de titular en Tercera. Lo que define a Villares es su capacidad infinita para ir adaptándose y superando cada salto de categoría gracias a su inteligencia táctica y su despliegue físico. Es un 8 total: presiona, roba y llega al área rival desde segunda línea. Respecto a su polivalencia, haberlo colocado de pivote o en banda nunca le ha penalizado; al contrario, le ha dado recursos tácticos valiosísimos.

La orfebrería de la cantera: Mella, Yeremay y el talento que viene

Óscar Gilsanz profundiza en el ADN formativo del Deportivo, analiza la maduración de las perlas del Fabril y reflexiona sobre los factores invisibles —entre la libertad creativa y la dureza del salto profesional— que deciden el éxito o el estancamiento de los jóvenes valores.

—Hablemos más a fondo de los jóvenes que están brillando. Empezando por David Mella, ¿qué le hace tan diferencial en banda?

—Sus capacidades por la izquierda son buenísimas. Tiene la gran virtud de poder salir por los dos lados con desborde y verticalidad. Quizás por la derecha le penaliza un poco más la finalización porque hay pocos extremos con capacidad de desbordar con pierna natural y centrar, pero se ha adaptado muy bien al perfil diestro tras trabajarlo mucho desde su etapa formativa. Su primer gol con el Dépor en Lugo, conduciendo por la izquierda y cruzando el balón, ya demostraba lo que puede hacer.

—Al lado de Mella está Yeremay Hernández. ¿Qué tecla hay que tocar para ver su mejor versión?

—Como casi todos los jugadores de talento descomunal, necesita inspiración, confianza absoluta y, sobre todo, un contexto de libertad creativa en el campo. Cuando le das esas herramientas, te devuelve magia en el último tercio de campo.

—¿Le sorprendió en su día que perfiles como el de Noel López no terminasen de asentarse de la misma manera tras salir del club?

—La evolución de los jugadores cuando tienen 17 o 18 años es muy inestable; unos maduran antes y otros más tarde, y sus capacidades se adaptan mejor o peor al fútbol de rendimiento puro. No me gusta analizar a posteriori las carreras de los futbolistas. En aquel equipo de la Copa de Campeones había mucho talento, y algunos llegaron de forma meteórica mientras otros han tenido caminos diferentes, pero las decisiones y los contextos marcan mucho las trayectorias profesionales.

—¿Y qué me dice de Dani Barcia? Muchos ven en él un central hecho para Primera División.

—A Dani le ha perjudicado a veces parecer más despistado de lo que realmente es por su forma de ser. Pero no tiene techo. Cada temporada se le ha puesto un reto —consolidarse en Tercera, dar el salto a Primera RFEF, rendir en Segunda— y los ha superado todos con nota. Confío ciegamente en sus condiciones de salida de balón y contundencia.

—Para terminar, de aquel histórico grupo de chicos con los que conquistaron la Copa de Campeones juvenil, ¿hay algún otro nombre que le doliera especialmente que no diese el salto definitivo?

—A veces la gente se sorprende con quién llega y quién no, pero a mí lo que realmente me sorprende es ver que alguien con talento deje de jugar al fútbol por completo. De aquel bloque, Noel y otros saltaron rápido, pero en el fútbol profesional el camino es largo y lleno de variables que escapan al control de la base.