Más de ocho años después, Riazor volvía a acoger un encuentro de la máxima categoría. Y no defraudó. Un cuadro coruñés muy renovado después de una gran inversión en fichajes recibía a un rival directo a priori, un Elche con entrenador nuevo, con poca experiencia en Europa (seis meses en el Oporto) y con bajas notables con respecto a la pasada campaña.
Hidalgo siguió fiel a sus principios: juego posicional en un 1-3-4-1-2 alternando salida de tres con Noubi, Ede y Ximo aunque soltando a este último en ataque, Alti y Quagliata para los carriles, Soriano-Amatucci-Jensen por dentro y Aubameyang-Nsongo en punta. A pesar de todo lo favorable a simple vista, la Primera División se diferencia por necesitar una mayor velocidad en tres factores: pensar-ejecutar-acertar. Y es que el tiempo de acción es menor y el error se factura de manera más habitual que la temporada pasada. Quizás sea algo que al equipo blanquiazul le pueda afectar durante las primeras jornadas de liga en determinados lances.
Me gustó la apuesta por Mario Soriano en la base de la jugada, su crecimiento la temporada pasada fue exponencial en paralelo a estar en contacto con el balón en más ocasiones. También la de Amatucci, muy necesaria una figura en mediocampo para acompañar al Joker. Suyo fue un gran pase que Auba se encargaba de hacerlo exquisito con un control y definición digno de un jugador diferencial.
Destacable actuación de un chico que hace seis meses jugaba en Segunda Federación, Nsongo: personalidad y un incordio constante para las defensas rivales. Ejemplo de que la adaptación también es cuestión de actitud.
No me gustaron las dificultades constantes a la hora de defender el balón parado, a pesar de ser un debe desde la temporada pasada y a pesar de la acumulación de los once en área propia. Necesita revisión y trabajo. Tampoco los cambios, perdiendo presencia y trabajo sin Bil Nsongo, reubicando a Mario Soriano fuera de la elaboración y posteriormente del partido. Difícil dominar sin el jugador que mejor limpia las jugadas en el carril central del terreno de juego.
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He de decir que tampoco algunas pérdidas en zona de inicio, condicionando la continuidad de algunos jugadores en el partido y sobre todo la sensación de que el juego posicional propio puede ser la mejor baza para que el rival genere tras robo. El equipo necesita revisar cuándo y cómo arriesgar en salida de balón, no siempre Leo Román salvará. Toca mejorar, y tener paciencia.