Acostumbrado a saltarse etapas, el más joven en el plantel del Dépor debe superar su lesión, la competencia disparada y la exigencia de versatilidad
22 jun 2026 . Actualizado a las 11:06 h.«¿El más divertido? Mella, con diferencia». Por si alguien se había perdido las celebraciones del Deportivo, Antonio Hidalgo señaló al principal animador del conjunto blanquiazul en su entrevista con La Voz de Galicia tras el ascenso. Una conversación en la que salió varias veces el nombre del extremo de Teo. También sirvió de comodín para el técnico en la ronda de preguntas rápidas, al decidir a quién no le prestaría su coche: «A Mella, que no tiene carné». Aunque la referencia con más enjundia había llegado minutos antes, cuando el míster respondió acerca del futuro del futbolista, en vista del salto de categoría y su importante lesión: «David es un chico encantador, importantísimo en el vestuario porque sabe quitarle tensión a las situaciones, aporta desenfado (...). Sabe que tiene que crecer, madurar. En pico de forma, al cien por cien, puede dar muchísimas cosas, y debe reflexionar sobre eso. Necesita cuidarse al máximo, lo sabe; pero no solo para esta época, sino para toda su carrera. Luego, tenemos que abrirle el abanico a diferentes posiciones».
El final de esa reflexión lleva doble carga. David Mella vuelve a llegar a la pretemporada en desventaja. Le sucedió tras subir desde Primera RFEF, cuando la sub-19 se lo llevó a un Europeo que acabó ganando y no pudo reincorporarse hasta principios de agosto (con solo una semana de vacaciones) a la fase de preparación. No acusó el contratiempo y se consolidó de manera incontestable en el fútbol profesional, firmando su mejor curso hasta la fecha como blanquiazul, con seis goles y cinco asistencias en 34 partidos (32 como titular). Se erigió, además, como el más veloz de la categoría, alcanzando los 33,6 kilómetros hora; como Luis Suárez, que entonces militaba en el Almería y ahora engrosa la nómina de estrellas del Mundial. 19 años tenía la bala blanquiazul.
Había debutado con 18 (ante el Algeciras, en Abanca Riazor), asentándose en el primer equipo apenas alcanzada la mayoría de edad. Afianzado entre los indiscutibles de Imanol Idiakez junto a Yeremay. Para abrirse hueco, cambió de orilla, porque el canario llenaba la que estaba acostumbrado a ocupar. En el paso a la división de plata siguió probando destinos, y se estrenó de carrilero, ayudando al encaje de los principales recursos ofensivos en el once inicial. «Ha hecho un gran partido, demostrando que es un enorme competidor que tiene los límites muy lejos. Condiciones le sobran para destacar en cualquier posición. El año pasado solo podía actuar de extremo izquierdo, a los tres meses era el mejor extremo por la derecha y ahora ha debutado como lateral», manifestó su entrenador tras la victoria sobre el Racing de Ferrol.
Esa versatilidad ronda hoy por la mente de Hidalgo al hablar de abrirle el abanico a diferentes posiciones. No hay indicios de pérdida de confianza en un jugador que este curso ha visto dos veces cortada su progresión: le llamó la selección sub-20 cuando se había asentado como titular y anotado su primer gol y se lesionó cuando hilaba cinco citas saliendo de inicio. Encontronazo con Diaby (del Granada), problemas en el ligamento lateral de la rodilla izquierda y quirófano. Desde aquel 8 de marzo, Mella se centró en su papel de animador, acompañando al grupo en todas las etapas del ascenso. Se consumó en Zorrilla, donde el dueño del 11 lució un diablo en el peinado para homenajear a Yere.
Su socio habitual se había visto lastrado por una pubalgia, como le ocurrió al chaval de Teo en el 2022: pasó cinco meses sin poder competir con el filial. Volvió y brilló. Esta vez reaparecerá con varias semanas de desventaja (dos, como mínimo) en la pretemporada de un equipo que busca al menos un extremo contrastado que dispare la competencia. Las sesiones de trabajo individual en Abegondo que publica en redes sociales ayudarán al más joven del plantel a encarar su gran reto de precocidad.