La marea blanquiazul del Deportivo desbordó Cuatro Caminos: «No me gusta el fútbol. Solo soy del Dépor»

TORRE DE MARATHÓN

40.000 personas, según el Ayuntamiento, se concentraron este domingo alrededor de la fuente de Cuatro Caminos para celebrar el ascenso del Dépor
40.000 personas, según el Ayuntamiento, se concentraron este domingo alrededor de la fuente de Cuatro Caminos para celebrar el ascenso del Dépor Marcos Míguez

Cuarenta mil personas se concentraron en el entorno de la histórica fuente para celebrar la vuelta a Primera del equipo que cohesionó a la ciudad y le regaló una identidad única: «Son os nosos»

25 may 2026 . Actualizado a las 09:03 h.

La mejor explicación de lo que ocurrió este domingo en A Coruña la dio José María Rodríguez, un hombre de 92 años que fue sereno y policía local y, a las diez de la noche, en medio de la multitud de chavales que trepaban por turnos a la fuente vallada de Cuatro Caminos, se agarró a sus dos bastones y sentenció: «O fútbol é o de menos. Son os nosos e eu case non o vexo. Tardou moito en pasar isto, ¡ho!», protestó con la prisa (razonable a su edad) aún en el cuerpo.

A esta ciudad que «antes de Inditex tuvo un estandarte, el Dépor», recordó David Martínez, compañero de colegio de Fran y uno de los primeros que vio su zurda magnífica, se le hizo interminable la travesía de los últimos ocho años, por mucho que el estadio se llenase todos los domingos «nunca con menos de 20.000 personas y en cambio ayer el Elche-Girona, en Primera, con 14.000», presumió Javier, socio mil y pico y enciclopedia del club. Y a esa eternidad impaciente le encontró sentido Rafa Bermejo, regateando botellas y cativos a gritos enfrente de la cervecería de la Estrella. «Los años que ganamos títulos hicieron crecer muchísimo la afición. Sin aquel equipo hoy no tendríamos esta euforia», resolvió.

Dos horas más tarde, 40.000 personas, según el Ayuntamiento, rodeaban la fuente de los milagros, subidos muchos a las farolas, los letreros y los tejados. Loreto Quintáns, sola, con ganas de llorar y una melena teñida de azul desde hace diez años, se desgañitaba. Estaba invitada a una comunión, pero mandó en representación a su hija, con vestido blanquiazul, y a su marido. «Yo, aquí», dijo, y el aquí significaba un mundo.

Un policía desalojaba la cubierta de un edificio próximo, colonizado por los hinchas. Marina Camiña y José Manuel Fernández, jubilados de Lugo venidos a propósito, contemplaban el espectáculo de «la unión y la alegría de una ciudad entera». Iria, acompañada por seis amigas, se acogía a su ADN sentimental: sus padres se conocieron en Riazor; su madre, médica, su padre, voluntario de Cruz Roja para ver los partidos gratis. Pedro e Iria, novios de Fene, de 18 años, se lamentaban de estar lejos, estudiando sus carreras. Y Luis C., también solo, pronunciaba la otra máxima de la jornada: «No me gusta el fútbol. Solo soy del Dépor». Y recordaba un partido: «De la UEFA, en Riazor, contra el Feyenoord de Makaay. Les metimos tres goles y cuando faltaban cinco minutos para el final todo el mundo se puso a cantar: “Roy Makaay, Roy Makaay, Roy Makaay, te quierooo”. Se me ponen los pelos de punta. Dio tres vueltas al estadio». Roy Makaay, un dos nosos.

El ritual de la fuente, del vacío al abarrote en cinco minutos

Solo un dron de la policía pudo haber captado las columnas blanquiazules avanzando cinco minutos después del final del partido por las calles que confluyen en la plaza de Cuatro Caminos. Se vaciaron los bares que hasta ese momento no admitían a un humano más y, en el tiempo que lleva inventar un gol, el espacio ritual del deportivismo pasó de un inquietante vacío a una multitud de decenas de miles de personas, según la Policía Local, incapacitadas por la emoción para respetar las barreras. Poco duraron las vallas elevadas de metal que rodeaban el perímetro de la fuente. Al primero que saltó le siguió un ejército de chavales armados con bengalas, antorchas, botes de humo azul y el repertorio entero de cánticos con los que se escribe la historia del Deportivo y se anuncia la noche interminable: «A Coruña, entera, se va de borrachera».