Un Fabril tras los pasos del primer equipo

TORRE DE MARATHÓN

La plantilla y cuerpo técnico del Fabril posa en Abanca Riazor tras conseguir el ascenso
La plantilla y cuerpo técnico del Fabril posa en Abanca Riazor tras conseguir el ascenso CESAR QUIAN

El descenso del Dépor desde la máxima categoría condicionó al filial, que peleaba por subir
a Segunda; ahora han sincronizado sus saltos para acercar la cantera al fútbol de élite

25 may 2026 . Actualizado a las 15:35 h.

A veces la puerta no se derriba desde el césped, sino del otro lado de la línea de cal. No es un futbolista quien da el salto al primer equipo, sino el entrenador. Le pasó a Cristóbal Parralo, para beneficio propio y desgracia del Fabril.

Cuando el técnico catalán se puso al frente del Dépor, el filial hilaba siete victorias en Segunda B. Era líder tras diez jornadas, exhibiendo una fecunda solidez defensiva y un desparpajo impropio de un conjunto que acababa de ascender (Cristóbal había llegado en Tercera, el curso anterior). El relevo en el banquillo pasó factura, aunque Gustavo Munúa consiguió llevar al grupo al menos hasta el playoff. Fue aquella una clasificación controvertida, porque los blanquiazules corrían el riesgo de no poder subir.

El Deportivo sufría en Primera, sin que surtiera efecto el cambio de míster ni mucho menos la estrambótica incorporación de Clarence Seedorf, por quien se apostó después. Si caía a Segunda, como acabó sucediendo, no podría coincidir allí con su filial. En cualquier caso, la situación quedó resuelta en el primer cruce de la promoción. Los coruñeses, que acabaron la fase regular a un solo punto del campeón de grupo, tuvieron la mala fortuna de verse emparejados con un Extremadura plagado de veteranos y guiado por Enric Gallego. Plantaron cara, pero el doble valor de los goles en campo ajeno hizo que, tras perder 2-1 en Almendralejo, en Abegondo se quedara corto el 3-2.

Hincó la rodilla sin agachar la cabeza la fabrilia, como se conoció a aquella generación de canteranos, bautizada por uno de sus líderes, el goleador Uxío da Pena. Junto a Romay, ponían el punto de veteranía en un vestuario plagado de chavales. Entre ellos, Edu Expósito o Mujaid (aún juvenil), por citar a los de mayor recorrido en la máxima categoría. Fue la ocasión de tocar techo, antes de un viaje al pozo estrechamente ligado al del primer equipo; como lo ha estado la resurrección.

En la campaña 2018-2019, aquella que terminó para el Dépor con un cabezazo de Pablo Marí perdido a un palmo de la portería de Son Moix, el filial acabó colista en Segunda B, con baile de técnicos (Tito Ramallo, Sergio Pellicer y Luisito) y solo cinco triunfos en el casillero. El filial se hundió en Tercera División un curso antes de que los mayores perdiesen también la categoría. Con la reestructuración de los campeonatos no profesionales, el salto de divisiones pasó a ser de dos peldaños, lo que no sentó del todo mal al club si se atiende a la labor de formación.

En ese quinto nivel encontraron cobijo, por ejemplo, muchos de los integrantes del juvenil que fue campeón de España en el 2021, incluido su entrenador. Óscar Gilsanz sucedió a un histórico como Juan Carlos Valerón y mantuvo bajo su tutela a Brais Suárez, Dani Barcia, Fito, Jairo Noriega, Brais Val, Mario Nájera, David Mella y Yeremay. En esa larga lista es fácil reconocer a varios que han hecho carrera en la entidad blanquiazul.

La primera campaña del betanceiro al frente de esa escuadra de chavales, en la que también encontraron su oportunidad unos jovencísimos Diego Gómez y Martín Ochoa, concluyó con la disputa de la promoción de ascenso. Preludio del salto de la 22-23. Con la solidez como principal argumento (18 tantos encajados en 30 partidos), el Fabril concluyó líder y llegó a Segunda RFEF. La distancia con el Deportivo se reducía al mínimo y de ello se aprovecharon especialmente Barcia y Mella. Yeremay les llevaba un año de ventaja en el Dépor, aunque por entonces el canario no había logrado descolgarse el cartel de díscolo. Cuando los tres se abrieron hueco en los planes de Imanol Idiakez les acompañaron Ochoa y Rubén López, mientras otros como Jairo, Kevin Sánchez o Diego Gómez asomaban sin llegar a cuajar. Fue, en cualquier caso, un curso memorable: el de la salida del pozo para el Dépor, mientras el filial se adaptaba a la nueva categoría, sufriendo hasta el final.

El resto es historia reciente. Con Gilsanz completando en noviembre su recorrido por los banquillos del club y Manuel Pablo relevándole desde el juvenil. Con el de Bañaderos ya al frente, el equipo concluyó tercero la fase regular y se despidió ante el UCAM Murcia del playoff.

No hubo ascenso pero sí un ensayo general para el doble salto que iba a poder celebrar el aficionado coruñés. El Deportivo ha vuelto por fin a Primera, pero antes le marcó el salto su filial. Lo hizo con tres jornadas de margen, tras una serie fabulosa de veinte encuentros sin caer. Sin acusar la ausencia de dos de sus referentes, como Bil Nsongo y Noé Carrillo, instalados hace meses en el primer equipo. Ambos se convirtieron en una prueba de que hay un espacio en lo más alto para la cantera; especialmente ahora que vuelve a instalarse en la orilla del fútbol profesional.