Beci, autor del tanto que le dio al Dépor el ascenso a Primera en el 71: «Si pudiera rematar, jugaría el domingo»
TORRE DE MARATHÓN
«Con la mano, fuera de hora... pero un gol para ascender. Podemos vivir unos días preciosos, pero si no se puede, los viviremos el año que viene», comenta el exjugador
21 may 2026 . Actualizado a las 15:13 h.En una cafetería cercana a Abanca Riazor nos rodean imágenes en blanco y negro de momentos inolvidables del Deportivo. Y, entre tanta historia, aparece Eduardo López, Beci (Lugo, 1943). En la instantánea remata de cabeza un balón que terminaría en el fondo de la red y devolviendo al cuadro coruñés a Primera División. «Supuso un cambio, lo mismo que puede pasar ahora si somos capaces de consumar el ascenso. Nos puede venir una época... No es tan fácil en el fútbol de hoy, pero si somos capaces de crear una base con dos o tres refuerzos de verdad, y poder conseguir asentarnos entre el 5 y el 15... Para nosotros es como tener la Copa de Europa teniendo en cuenta de dónde venimos», relata.
—6 de junio de 1971. Es una fecha que, seguro, no olvida.
—No, no se puede... No sé si será el hecho más recordado, pero uno de ellos, seguro.
—Durante esa semana habían estado concentrados en el balneario de Arteixo y, el día previo, habían ido al cine.
—Sí, pero era habitual. Nos concentraban el viernes o el sábado y, a veces, nos quedábamos hasta el día después del partido. Éramos jóvenes... y tenían que encerrarnos (ríe). Nos tenían muy vigilados.
—Última jornada de Liga: el Dépor era quinto y al Rayo Vallecano le valía un empate…
—Jugábamos en casa y ascendíamos uno o otro. Teníamos que ganar sí o sí.
—Y aparece usted para rematar de cabeza y lograr el ascenso. ¿Cómo recuerda aquel gol?
—Tuve la fortuna de marcarlo... Fue en una falta cerca del córner. La sacó Cervera y yo me anticipé a la salida del portero para rematar de cabeza. La metí para adentro. Según la Wikipedia, medía 1,87... creo me confundieron con otro (ríe). Medía 1,71, pero tenía un tren inferior muy poderoso y podía elevarme bien, era potente. Y, sobre todo, tenía esa intuición... no todo consiste en saltar más o menos, o ser más alto o más bajo. Es primordial saltar en el momento justo.
—Fue el único tanto del partido. Después de él, ¿le tocó sufrir al Dépor?
—Sí, sí. Marqué muy pronto y, después, lo pasamos realmente mal a ratos... Me acuerdo de Veloso, que jugaba entonces con el Rayo. Se quedó solo delante de nuestro portero cuando faltaba muy poco para terminar el partido. La estrelló en el palo. Si la hubiera metido dentro... adiós.
—¿Qué ambiente hubo en Riazor aquel día?
—Impresionante. En aquel momento había unas pistas de atletismo y pusieron allí unas sillas adicionales. Además, había una grada supletoria. Entraban más de 40.000 personas porque, en la zona de Torre de Marathón inferior era de pie. Fue increíble.
—El entrenador en aquel momento era Arsenio Iglesias.
—Era una persona muy trabajadora y exigente, como tenía que ser. Tengo una anécdota muy graciosa con él. Estábamos en un hotel de Madrid, habíamos ido a jugar un partido allí. En la comida nos dejaba beber un vaso de vino. Solo uno y lo servía él. Teníamos un compañero, Domínguez, que calzaba un 45. Le metió al camarero una propina en el bolsillo y nos trajo una botella, que escondimos debajo de la mesa. Pero Domínguez, con aquellos pies que tenía, le pegó una patada y salió la botella. Se levantó Arsenio y... casi no jugamos el partido.
—Cambiando al presente del Deportivo, ¿sigue al equipo?
—Sí y, como todo el mundo, estoy deseando que se logre el ascenso a Primera. Quedan dos finales para nosotros, pero también para los demás.
—A Coruña ya se ha engalanado por lo que pueda pasar.
—La ciudad se prepara siempre, se ilusiona fácil: le das un ChupaChups y se come el palo entero. Esta ciudad, esta afición y este club... su sitio está en Primera. Podemos vivir unos días realmente preciosos. Pero si, por lo que sea, no se puede... los viviremos el año que viene.
—Usted marcó el gol del ascenso del 71, ¿quién le gustaría que lo marcase este año?
—Me da igual. Con la mano, fuera de hora... Pero que sea gol. Si pudiera rematar, jugaría el domingo, pero todavía no estoy recuperado de la temporada pasada (ríe).
«Telefoneé al Dépor porque me había llamado la atención un chico... Era Cristiano Ronaldo»
Tras colgar las botas, Beci siguió vinculado al Deportivo, ejerciendo se secretario técnico y viajando por Europa en adelante ojeando a jugadores. «Yo no hablo inglés... conseguía que, en todos los sitios a los que iba, hablasen español o gallego. Me las arreglé, estoy de vuelta», comenta con guasa.
—¿Cómo vivió aquella época después de retirarse?
—Iba a ver a jugadores, hacía seguimientos... como un ojeador del club. He vivido unas épocas maravillosas, porque he experimentado lo que era el Deportivo fuera de España. Conocían A Coruña por el equipo.
—¿Recuerda algún caso de jugador que le llamase la atención?
—Teníamos buena relación con Jorge Mendes y yo peinaba Portugal. Fui a seguir a un futbolista, para ficharlo del Sporting de Lisboa. Pero ese día también había jugado Cristiano Ronaldo, que tenía 17 años. Telefoneé al Dépor y les dije que me había llamado la atención este chico... A la media hora me devuelven la llamada y me dicen «olvídate, ya está fichado por el Manchester United».