Natxo González, técnico del Sant Andreu y exblanquiazul: «Siempre estaré agradecido por tener la oportunidad de entrenar al Dépor»

Adrián Sobrino A CORUÑA / LA VOZ

TORRE DE MARATHÓN

Natxo González, durante un partido en su etapa como entrenador del Deportivo.
Natxo González, durante un partido en su etapa como entrenador del Deportivo. MARCOS MIGUEZ

Mientras se recupera del infarto que sufrió tres días antes del ascenso de su equipo, el preparador vasco recuerda con cariño su paso por A Coruña

27 may 2026 . Actualizado a las 16:48 h.

Natxo González (Vitoria, 1966) cogió las riendas del Deportivo hace ocho temporadas. Llegó en junio del 2018 a un equipo recién descendido y asumió el reto de devolverlo a la élite, aunque fue cesado en abril, sin terminar el curso. Tras su marcha de A Coruña, probó suerte en otros clubes españoles e incluso en el extranjero, antes de iniciar en esta campaña su segunda etapa en el Sant Andreu. Hace poco más de un mes, consiguió el ascenso a Primera Federación, aunque un infarto le impidió estar con sus jugadores el día clave. Afortunadamente, no fue más que un susto.

—¿Cómo se encuentra ahora mismo?

—Bien, en una fase de recuperación. En todos los sentidos: a nivel físico y a nivel emocional, después de ese sustillo imprevisto.

—Ha sido una temporada de altibajos, complicada.

—Todas las temporadas son difíciles. Hubo un comienzo un poco dubitativo, pero que entra dentro de la normalidad, porque, al final, somos un equipo nuevo. Poco a poco consolidas conceptos en todos los sentidos y acabas el último tramo siendo muy solvente.

—No pudo estar con sus jugadores el día del ascenso. ¿Vio el partido o se enteró más tarde?

—No, no. Vi el partido. Esto me ocurrió tres días antes de ese encuentro y fue una faena, lógicamente. Todo salió bien y lo vi por televisión.

—Tras subir, se viralizó un vídeo en el que se veía que le decía a los aficionados: «¿Cuántos me hubierais echado en octubre?». ¿Refleja que en el fútbol a veces hay poca paciencia?

—Pues sí. El comienzo fue un poco dubitativo, pero gracias a que el club tuvo cierta paciencia y valoró el trabajo del día a día, se mantuvo la confianza. Cuando las cosas se tuercen un poco, enseguida se pide la cabeza del entrenador. Ahí se tuvo la calma suficiente, creo que se le dio la razón al trabajo que se estaba haciendo.

—Ha entrenado en plazas importantes como A Coruña, Zaragoza y Málaga. ¿Hay más presión en estos equipos? ¿Cómo se gestiona?

—Estos clubes han estado en la máxima categoría y han vivido años de mucho éxito. Lógicamente, hay una presión añadida y hay que gestionarla en todos los sentidos: a nivel del club, personal e individual. Estos entornos normalmente suelen comerse a los clubes y, cuando eso ocurre, se toman decisiones muy precipitadas. A la larga, esto genera inestabilidad. No se habla de proyectos a medio plazo; es todo rápido, para ya, para el día siguiente. Y eso no es fácil en el fútbol.

—¿Qué recuerda de su paso por el Dépor?

—Tengo grandes recuerdos. Se vive muy bien en la ciudad y fue un buen año, con la pena del final, ya que no pude acabar.

—¿Qué cree que le faltó para poder terminar aquel año?

—La capacidad para aguantar en los momentos de dificultad. Estábamos en una mala dinámica y ahí el entorno se vuelve un poco en contra, por lo que el primero que cae es el entrenador. Queda la duda de qué hubiera pasado si hubieran aguantado. Pero nunca lo sabremos. En aquel momento se creyó que era lo mejor para el equipo y ya está. Siempre estaré agradecido por tener la oportunidad de entrenar a un club como el Dépor.

—Entidades como el Dépor y el Málaga están apostando por la cantera y obteniendo resultados. ¿Qué importancia le da usted a la base?

—Son buenos ejemplos para ver que con gente de la casa se pueden hacer buenas cosas. Eso quiere decir que en esos clubes se están haciendo bien las cosas en cuanto al trabajo de cantera. Ahí se está viendo a los chicos que salen. Aparte de lo futbolístico, hay un componente sentimental y de pertenencia al club en el que uno se ha criado. Es un valor añadido.

«Quizá no debería haberme marchado al extranjero»

Con una extensa trayectoria a sus espaldas, Natxo González ha entrenado en más de una decena de clubes desde que comenzó su carrera en los banquillos a mediados de los 90.

—¿Qué supone para usted esta segunda etapa en el Sant Andreu?

—Está siendo un año importante porque venía de dos o tres proyectos cogidos a mitad de temporada, un poco mal hechos desde el inicio. Entras en momentos complicados y es difícil enderezar el rumbo. Este año he podido comenzar desde el inicio. Es más, cuando ha sido así, casi siempre he ido cumpliendo objetivos, porque tienes tiempo para adaptar al equipo a tu idea de juego.

—De cara al próximo curso, ¿cuál es su objetivo personal?

—Tener salud, que es lo más importante, y seguir haciendo lo que más te gusta. Queremos seguir con el trabajo que hemos comenzado, consolidar al equipo en una categoría superior y dar pasos en un proyecto que pinta bien y que es ambicioso de cara al futuro.

 —¿Qué le parece la Primera RFEF, en todos los sentidos?

 —Creo que es muy competitiva. Hay equipos muy fuertes y solo dos grupos. Es una categoría muy complicada y muy disputada. Además, a nivel económico, es una liga con desplazamientos muy largos. Es dura y bonita a la vez.

—Ha dirigido en varios países. ¿Qué diferencias encuentra entre el fútbol de aquí y el de Portugal y Bolivia?

—El fútbol español está más profesionalizado: infraestructuras, medios... En Portugal, excepto los cuatro equipos más importantes del país, todavía está por detrás. Me imagino que ahora irán progresando, como todos. Con respecto a Bolivia, la diferencia es todavía mayor. Estas experiencias que uno vive sirven tanto a nivel personal como profesional.

—¿Le ayudó a crecer como entrenador su paso por el extranjero?

—Sí. Portugal fue en Primera División y no deja de ser una buena liga. En Bolivia, en Sudamérica, tuve la posibilidad de jugar previas de la Copa Libertadores y la Copa Sudamericana, que es como la Europa League.

—¿Cambiaría alguna decisión que ha tomado en su carrera?

—Con respecto a las salidas a Portugal y Bolivia, esos dos años fuera de España me pasaron factura a la hora de volver a entrar en el fútbol nacional. En cuanto se desaparece un poco del radar, se olvidan de uno. Quizá no debería haberme ido fuera en ese momento para seguir teniendo posibilidades en el fútbol español.

—¿Cuál ha sido, hasta ahora, el mejor y el peor momento de su trayectoria?

—El mejor momento creo que estuvo entre el Reus, el Zaragoza y el Dépor. Esos tres o cuatro años, con el ascenso del Reus, el primer año en Segunda, el playoff a Primera con el Zaragoza y esa casi promoción con el Dépor. El peor fue la destitución en A Coruña. Era una temporada muy importante para mí y quizá fue el momento que más daño me pudo hacer.

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