El Dépor cerró su peor racha del curso en el principado, cayó del ascenso directo y sembró la duda en una hinchada fiel que vuelve a creer en subir
13 may 2026 . Actualizado a las 18:06 h.De Andorra volvió cada uno por su cuenta, más o menos. Las vacaciones de invierno arrancaban regular, con la Copa del Rey como único alivio al diciembre negro: el Deportivo había encadenado tres derrotas ligueras, abandonando en el principado la plaza de ascenso directo que había ocupado en trece de las 19 jornadas disputadas antes del cambio de año. Nada que ver con el retorno desde Cádiz, tras celebrar un nuevo triunfo de última hora a pie de césped. Cientos de hinchas blanquiazules se sumaron al festejo en la atestada grada visitante del estadio andaluz, y cientos más acudieron la mañana siguiente (el sábado pasado) a recibir al equipo en Alvedro. Constatación de la indispensable sintonía entre afición y equipo, que alcanza su punto álgido en el momento preciso. La escuadra coruñesa defenderá la segunda plaza en tres encuentros definitivos: dos se jugarán en Abanca Riazor y otro, en uno de los campos ajenos más asequibles para el desplazamiento masivo.
«Es una evidencia. Hay que matizar cosas. Antes hemos sumado muchísimo y ahora, no», reflexionaba Antonio Hidalgo antes de abandonar Andorra. La reforma tardó en hacerse tangible y llegó apoyada por el mercado invernal más provechoso en años. Álvaro Ferllo, Adrià Altimira y Riki se colaron en las alineaciones del Dépor nada más llegar y tuvieron impacto inmediato. Mientras, el equipo despegaba en modo diésel: el 2026 comenzó con dos empates y la revitalizadora derrota copera ante el Atlético de Madrid para pasar a un tramo irregular de malas sensaciones y dolorosos resultados.
El conjunto blanquiazul cayó ante un par de rivales directos (Racing de Santander en casa y Castellón fuera) y otro que no lo era e hizo mucho daño. El duelo con el Granada se cerró con 0-2, silbidos y cánticos contra Hidalgo —una semana antes los habían apagado entre Bil Nsongo y Mario Soriano con sus goles en Zubieta—. Por tercera vez en la temporada acudían menos de 20.000 deportivistas a Riazor: las otras fueron frente al Valladolid y la Real B, que también se escaparon con puntos del feudo coruñés. «Ha sido el peor partido desde que estoy aquí», admitía el míster en la rueda de prensa posterior al repaso nazarí. Si se consuma el ascenso, ahí se podrá localizar el punto de inflexión del curso, como el de hace dos campañas en el Stadium Gal.
En la jornada siguiente, la 30, Altimira sellaba en Ceuta otra victoria en el descuento, que conducía al regreso, tres meses después, a la segunda posición. Se inauguraba una serie de diez duelos sin derrota, susceptible de crecer, y cambiaba el chip: lo siguiente fue el Zaragoza y la convocatoria para el primer recibimiento en multitud. Como de costumbre, la hinchada respondió en masa y resultó decisiva en la nueva remontada. «Ha sido brutal», manifestó el míster al acabar.
Como lo fue ante el Málaga, el Mirandés y (especialmente, al coincidir con el día de las peñas) el Leganés. Frente a los andaluces se registró el récord de asistencia en la categoría, ampliado luego en la visita del Lega, a solo medio centenar de los 29.000. Pero no solo en los aledaños del estadio han demostrado los deportivistas su restablecida conexión. Las redes sociales la trasladaron también a Alvedro para festejar que el equipo llega dependiendo de sí mismo a la recta final.
«Venimos de un mes muy malo y hay que cambiar esa dinámica. Con la ilusión renovada, saber que tenemos que dar pasos hacia delante», reclamó Antonio Hidalgo en su primera comparecencia del 2026. Mediado mayo, y con el Andorra otra vez en danza, se ha disparado la fe.