Riki: «En el Dépor hay un objetivo común que prevalece a cualquier ego y que nos cambia mucho la vida»
TORRE DE MARATHÓN
«En el fútbol se exige ese rendimiento inmediato, pero no dejamos de ser personas. Poco a poco se va a ir viendo mi mejor versión», advierte el mediocentro ovetense
10 abr 2026 . Actualizado a las 10:50 h.Fue el último en llegar al Dépor. Pero el sino de Ricardo Rodríguez (Oviedo, 1997), Riki, parecía estar escrito en blanquiazul. Debutó como profesional en Riazor y ascendió a Segunda en el mismo escenario. Ese que, desde enero, es su nueva casa. «Creo en esas cosas... Ojalá me toque cerrar el círculo con un ascenso a Primera». Pero incide en que hay que ir pasito a pasito. En este vestuario, de momento, solo hay cabida para el Huesca.
—Quedan ocho jornadas para que termine la temporada, apenas cinco puntos de diferencia entre el primero y el séptimo. ¿Ve el equipo estos ocho partidos que quedan como finales?
—Sabemos que, a medida que va pasando el tiempo, cada partido es más importante y tiene más relevancia. Pero lo afrontamos con la tranquilidad y la naturalidad de final de temporada. Creo que, si miramos más allá, nos equivocamos. Todo está muy igualado, hay enfrentamientos directos... Vamos semana a semana y hay que centrarse en Huesca. Vamos, entre comillas, con ese piloto automático, que creo que hoy en día en el fútbol se lleva bastante eso, con la frase del Cholo Simeone de «partido a partido». Creo que eso es lo que te hace estar siempre arriba.
—Llega el Huesca, un rival que viene de una racha negativa... Pero en esta Segunda División, uno nunca se puede fiar.
—Sí, sí. Esperamos un partido complicado, ellos también se están jugando mucho. Creo que, prácticamente, solo les vale ganar para salir de ahí... Ir allí siempre es complicado.
—Lo decía Antonio Hidalgo en rueda de prensa... Ante el Málaga se vio, quizás, el mejor partido de la temporada.
—Esta semana en concreto es el tramo en el que estoy viendo al equipo muy fuerte, muy consistente. Ya nos vamos conociendo todos, y creo que estamos muy cómodos. Además, hay un objetivo común, que es lo más importante de todo. Y, a medida que van pasando las semanas y queda menos, prevalece eso a cualquier ego o a cualquier objetivo individual. Hay un objetivo común que es más grande, que nos cambia a todos mucho la vida. Y que, aparte, nos haría muy felices. Vivir algo así aquí sería histórico e inolvidable. Es lo que nos mueve ahora mismo.
—Dentro de ese objetivo, la afición está adquiriendo un papel fundamental. Recibimientos, récord de asistencia a Abanca Riazor... ¿Se imaginaba eso cuando firmó por el Dépor?
—Siempre lo tienes en mente, sueñas que sea así... Pero, vivirlo desde dentro, es muy gratificante. Estos dos recibimientos que hemos tenido... Llegas al estadio queriendo ya que empiece el partido, y eso que llegamos hora y media antes. Pero quieres que empiece ya. Es una manera de activarte muy buena, hay muchas cosas intangibles que son importantes para el jugador.
—Y que siga así, ¿no?
—Por favor (ríe).
—Pedía Villares la semana pasada que la afición diese ese último empujón en este tramo final.
—Pues sí. Creo que el objetivo no es solo de los jugadores, sino que también es de mucha gente del club que trabaja aquí en el día a día, de la afición, de la gente de la ciudad, de muchos aficionados que viven fuera y que no pueden venir al estadio... Hay mucha gente detrás, vamos a trabajar para que así sea.
—Viene de hacer, ante el Córdoba, su mejor partido con el Dépor.
—Me encontré muy cómodo. Creo que también es parte del proceso. Muchas veces, en el fútbol, se exige ese rendimiento inmediato, pero no dejamos de ser personas... Llegué a un proyecto de mucha exigencia, hubo un cambio de ciudad, tuve que conocer a gente y coger confianza con ella, saber los automatismos del equipo... Creo que, poco a poco, se va a ir viendo mi mejor versión, estoy muy contento.
—Ha jugado mano a mano con José Ángel, Villares, Soriano, Patiño... ¿Con quién se siente más cómodo?
—Con todos, son gente de mucha calidad. Sí creo que, al final, el rol cambia un poco. Si juegas con uno igual hay que tener más presencia; si juegas con otro, a lo mejor tienes que mantener más la posición. Te vas adaptando un poco.
—Diez partidos con el Dépor, seis como titular. ¿Podemos decir que Riki ya está adaptado tras una llegada complicada?
—Creo que sí. Después de estos dos meses ya puedo decir que estoy adaptado tanto a la ciudad como al equipo, compañeros... Y eso también es importante para que un jugador esté a gusto en el campo. Estoy muy contento.
—¿Cómo gestionó mentalmente ese mes de enero?
—Difícil... Muchas veces los futbolistas decimos que nos da igual, que nos abstraemos... Pero es imposible. Sabes que hay ciertas cosas detrás que no dependen de ti. Intentas centrarte en el día a día, pero de un día para otro te cambia la vida radicalmente, pasas de un sitio a otro, de pelear por unos objetivos a hacerlo por otros.
—Aquí en el vestuario se lo pusieron fácil.
—Sí. Me he encontrado a gente muy sana, muy buena y, también, a mucha gente joven. Yo voy cumpliendo años y eso se nota. Cuando era más joven y cambiaba de vestuario me costaba un poco más, era más complicado.
—Coincidió con Rubén de la Barrera en el Albacete. ¿Habló con él antes de su fichaje por el Dépor?
—No... Pero él nos hablaba mucho de A Coruña, del Dépor, de lo grande que era esto y del cariño que le tiene al club y a toda la ciudad. No hablé con él en esta ocasión, pero sí con Fran Noguerol, que era su segundo.
—Con ese Albacete ascendió a Segunda en Riazor; y debutó como profesional en el mismo estadio.
—Creo en esas cosas del fútbol... Ojalá me toque cerrar ese círculo y abrir otro para que sigan pasando cosas buenas.
—Cerrar ese círculo... ¿Con un ascenso a Primera División?
—Ojalá. Y que luego venga un debut, y más cosas, está claro. Pero queremos ser cautos... Sabemos que hay varias maneras de subir, aunque si es estar dentro de los dos primeros, mejor. Hay que estar tranquilos y competir los partidos lo mejor posible para obtener el mayor número de puntos.
—¿La presión que se vive aquí se la había encontrado anteriormente?
—Es diferente. Cuando estuve en el Oviedo o en el Racing... tienes a una ciudad detrás que también es muy futbolera y pasional. En Oviedo era canterano, sufres ciertas cosas más, pero no tenía esa responsabilidad que puedo tener aquí ahora. Es otra exigencia distinta. Sabemos que tenemos que ganar cada partido y, que si no lo hacemos, estaremos todos fastidiados.
«Hablo mucho de finanzas con Loureiro y Samuele»
Riki, que estudió Economía y es un apasionado de las finanzas, huye de los lujos y extravagancias.
—Con 26 años ya era capitán del Albacete. ¿Tiene madera de líder?
—Creo que la tengo, pero no desde una posición de estar hablando todo el rato, estar aconsejando o levantando la voz por encima de otra gente. Más... desde un segundo plano, perfil bajo. Creo que la tengo desde el ejemplo, siendo un buen compañero, siendo profesional...
—¿Qué rol tiene ahora en el vestuario del Dépor?
—Me toca ser buen compañero. Cuando me toque jugar, bien; cuando no me toque, bien también.
—¿Y cómo es Riki fuera del fútbol?
—Tranquilo. Una persona normal a la que le gusta estar con su familia, con su novia, con sus amigos... No me gusta nada extravagante ni los lujos.
—Su familia siempre le inculcó el tema de los estudios, ¿cómo llegó esa decisión de ser jugador?
—Siempre se me dio bien el fútbol. Estuve en la cantera del Oviedo y era, entre comillas, de los más destacados. Hubo una época en la que me quedé pequeño físicamente, no me había desarrollado del todo y veía cómo la gente me iba adelantando. Tuve la suerte que al acabar bachillerato y empezar la carrera no era una promesa, ni destacaba realmente. Seguí mi camino como estudiante y me fui relacionando con gente que venía de jugar en fútbol profesional y que me decía que me lo tomase en serio, que tenía opciones de llegar. Me veían entrenar y, por mis condiciones, me ayudaban. Fui cumpliendo etapas y se acabó dando.
—Estudió Economía.
—Sí, cuando debuté en Segunda ya tenía prácticamente la mitad de la carrera sacada. Después fui sacando tres, cuatro o cinco asignaturas por año y me lo fui tomando de otra manera. Por la presión que tenía, y también porque tengo otras inquietudes y un poco de amor propio, quise acabarla.
—Es un apasionado de las finanzas. ¿Qué le atrajo de ese mundo?
—Hice el bachillerato biosanitario y empecé a estudiar Economía porque amigos de la cantera del Oviedo se habían metido en ella. Luego fui leyendo sobre economía, todo el sistema de la bolsa... Poco a poco me fui informando, y sigo haciéndolo. Tengo un asesor porque, por mucho que lea, nos tiramos aquí de 9 a 14... Pero sí, me gusta entender lo que se hace con mi dinero.
—¿Le ha dado consejos a sus compañeros?
—Aquí también hay bastantes interesados. Loureiro es economista y a Samuele [Mulattieri] le gusta, está bastante metidillo en el mundo de los libros de economía. Hablamos bastante, nos pasamos entrevistas... Creo que la gente joven, poco a poco, ya le va dando más importancia a este tipo de cosas.
—¿Ha seguido estudiando?
—Quiero hacer un máster bueno, pero si empezase ahora sería más por obtener el título que otra cosa. Me gustaría hacerlo presencialmente, conocer a gente, profesores, hacer prácticas... Quiero hacerlo bien, por eso lo estoy dejando para más adelante.