El central, que había errado en el gol local, anotó su segundo tanto en el fútbol profesional; el primero lo hizo en la primera vuelta en Abanca Riazor
30 mar 2026 . Actualizado a las 21:55 h.Estaba sufriendo. Se le veía nervioso. No era su día. Se notaba. Dani Barcia regresaba al once, pero las cosas no le salían. Ni como él mismo esperaba, ni tampoco como está sobradamente capacitado para hacer. No es fácil salir a jugar un partido de alta exigencia cuando sabes que has perdido la confianza de tu entrenador. Que has pasado de ser titular indiscutible a apenas disponer de minutos en lo que va del 2026, con el cartel ya asumido de cuarto central. El zaguero de la cuesta de la Tapia (Cambre) falló en la jugada que dio origen al primer gol, vio una amarilla tempranera que podría haber sido roja si Escudero no está rápido para situarse a su altura, y todo lo que vino después parecía empeorar su situación. Dani estaba en la lona. Cometiendo algún fallo más que pudo costarle caro al equipo. Pero resurgió de sus cenizas como solo saben hacer los grandes. Se elevó por encima de todos para marcar el empate, en el tramo final, como también lo había hecho en la primera vuelta cuando había anotado el gol de la victoria en el 90. Del infierno al cielo. Un camino por el que solo el fútbol sabe llevarte.
Barcia se descuidó en el arranque. Quizás por exceso de confianza, se vio sorprendido y tuvo que frenar en falta a su rival, cuando se iba solo hacia la portería. Fue su única falta en todo el partido. Pero, como a perro flaco todo son pulgas, él, que necesitaba confianza, se vio señalado porque esa acción acabaría en gol, por otro error de Ferllo, que dio un paso para ir hacia el palo de la barrera y descuidó el propio, por donde se coló el remate de Juan Otero.
A pesar de que la defensa transmitió inseguridad, por momentos, Barcia exhibió personalidad, a pesar de todo. No le quemó el balón y lo pidió (86 de 89 en pases, con un 97 % de efectividad; 26 de 28 y 93%, en campo contrario). No se escondió. Ganó duelos (6 de 10), interceptó balones (5) y también realizó algún despeje (3). Pero lo más importante es que marcó el gol del empate cuando ya el encuentro languidecía. Se elevó sobre Pablo Vázquez y anotó el empate que ya había rozado en la primera parte, en otro remate desde el segundo palo que se estrelló en un defensor cuando ya se colaba en la portería de Rubén Yáñez.
Barcia lleva dos goles en el fútbol profesional (también le marcó al Sámano en Copa). Y los dos se los hizo al Sporting.