Los maños son la víctima más frecuente del atacante andaluz: frente a ellos ha sumado ya seis tantos y 26 puntos
22 mar 2026 . Actualizado a las 00:20 h.La 2024-2025 fue una temporada perdida para Stoichkov. Jugó poco con el Alavés, acabó de uñas con la hinchada del Granada y no le marcó al Zaragoza. Este último fue el más inesperado entre todos los accidentes de un curso que allanó su llegada al Deportivo dentro del intercambio más sonado en la categoría —Bouldini sigue siendo irrelevante para los nazaríes—. El curso de los peores números en la carrera del andaluz interrumpió también una cadencia sostenida desde que se asentó en el fútbol profesional, al servicio del Alcorcón. A pocas jornadas del final de aquella atípica campaña 20-21, cerrada en drama por A Coruña, los alfareros acudieron a La Romareda, con los locales asentados en zona de ascenso directo. Vencieron 1-3 los visitantes, impulsados por el doblete de Stoichkov. Comenzaba una costumbre.
La estiró el atacante en la 21-22, firmando la diana del empate del Sabadell en casa; en la 22-23, abriendo la cuenta del 2-0 en Ipurua; y en la 23-24, de nuevo con el Eibar, anotando el segundo de una remontada memorable para los armeros (del 2-0 al 2-3 definitivo). Tuvo ocasión de perpetuar la racha hace once meses en Los Cármenes. Pero no solo no marcó, sino que fue expulsado cuando estaba ya en el banquillo, dentro de un descuento en el que el conjunto aragonés hizo el par de dianas que le daban el empate.
Había pues, cuentas pendientes esta temporada. No se resolvieron en la primera vuelta, porque al atacante le faltó tiempo, y quedaron para Abanca Riazor, donde el rendimiento del Dépor en casa añadía una dificultad extra al reto. Arrancó torcida la cita, con amarilla a los dos minutos, completando ciclo de cinco. Prosiguió peor, con Dani Gómez adelantando en el seis a la escuadra maña. Pero se enderezó en el 20. Acumulaban disparos al aire los de Antonio Hidalgo, precipitados en esos últimos metros donde el técnico detecta todos los males del equipo, y no pareció tampoco la mejor solución ese chut lejano al que se animó Stoichkov. Pero entre el bote y Andrada llenaron de razón al de San Roque, devolvieron los bríos a la grada y abrieron una ventana a la remontada.
La selló mucho más tarde Samuele Mulattieri. Su compañero había abandonado ya el césped, pero lo pisó de nuevo para festejar los tres puntos. 26 le ha birlado al Zaragoza, más que a ningún otro. Le ha cogido el gusto.