El Deportivo afrontó el encuentro ante el Real Racing con una dinámica mejorada tras la mala racha de juego y resultados. Ambos conjuntos lo asumían como una oportunidad para engancharse al ascenso directo en el caso herculino o abrir una brecha en el equipo cántabro. Antonio Hidalgo introdujo pocos cambios, pero con sustancia en un plan de partido: 1-4-3-3 juntó a Soriano y Villares como interiores, escoltados por Jurado. También la entrada de Noubi por el sancionado Comas. Más allá del resultado del encuentro, no me gustó la sobrexcitación de ambos conjuntos al comienzo del encuentro, es importante la concentración y estar focalizados en el objetivo, pero perderse en protestas absurdas hacia el árbitro no ayuda.
Tampoco me gustó la apuesta conservadora de Villares como interior, más allá de reconocer su gran capacidad de trabajo para dificultar la salida de balón racinguista en el perfil sobre el que se suelen acostar Damián o Puerta para generar superioridades con Íñigo Vicente. Sin embargo, el bloque medio-bajo del conjunto rival rebaja la incidencia ofensiva del jugador vilalbés. Cierto es que el partido tenía aroma a partido grande, por la intensidad en los duelos o el fervor del público, y hemos de reconocer que ante estas circunstancias los detalles suelen marcar la diferencia, como un córner en corto mal defendido justo cuando Hidalgo mantenía el plan, quitando a Luismi por Mella.
No dudo que el planteamiento de Hidalgo fuese dirigido a frenar las acometidas del Racing en pro de conseguir el objetivo, pero ya en el primer cambio la idea ha de ser más ofensiva por dos motivos: el primero, Villares había tocado 17 veces la pelota en 70 minutos, las mismas que su compañero Álvaro Fernández. El segundo es más evidente todavía, un punto o cero poco cambiaba para el Dépor.
Hemos de recordar que el Racing de Santander está líder y abriría un colchón de puntos pero, existe otra plaza de ascenso directo cercana. Los riesgos si se tomaron con 0-1, colocando un 1-3-4-3 durante 20 minutos para intentar derribar el bloque bajo cántabro, también para demostrar una valentía que no existió con el 0-0 y 30.000 personas empujando.