La gestión y el rendimiento en el Deportivo

Manuel Mosquera

TORRE DE MARATHÓN

Imanol Idiakez, delante de su banquillo en un partido de esta temporada
Imanol Idiakez, delante de su banquillo en un partido de esta temporada PACO LARGO | LOF

03 abr 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

De cuando yo era futbolista, con entrenadores consagrados como Arsenio, a lo que es ahora la gestión del grupo va un mundo. En los años 90 se quedaba un jugador fuera y el entrenador era sagrado. Decías: «No cuenta conmigo, pero ya contará». Hoy en día hay muchos más futbolistas preparados y se debe atender a todos, porque tienen contratos firmados y son patrimonio del club. He ahí la importancia de la gestión del grupo. Que todos se sientan contentos es imposible, pero sí que deben estar comprometidos en el objetivo, del que han de ser partícipes. El problema viene cuando cargas a unos de minutos de forma muy diferencial respecto a otros. Al jugador le va consumiendo que no puede jugar, pero también qué será de él al año siguiente. Y todo eso lo debe manejar el entrenador, que trata al profesional en su máxima expresión: verá que siempre estás pendiente de él y luego eliges. Lo que no puede ser es que le regales los minutos.

En el caso del Deportivo, entiendo que Imanol Idiakez ha tenido una plantilla para una forma de jugar en la primera vuelta, y ahora el equipo es más vertical y dinámico, por lo que hay habituales de esos meses iniciales a los que les está costando más. Al final es rendimiento puro y duro. Cuando se han incorporado Mella y Yeremay y ha variado la posición de Lucas los resultados lo han cambiado todo. Lo que funciona no se toca. Y los jugadores lo entienden. No estarán contentos, pero como el objetivo se acerca, hay que apretar y hacer buena piña en el vestuario. El entrenador debe intentar tenerlos siempre en la misma cesta. Y hay semanas que se consigue y otras que no. Habrá algunos que entrenan muy bien, aunque en la cara no estén tan contentos, pero el técnico estará pendiente de todos. Lo otro, apartar a unos y centrarse en otros, ya no existe ni se acepta.

Idiakez, que ha pasado por una montaña rusa de emociones, lo está haciendo muy bien en este sentido. No hay más que escuchar a sus jugadores. Con semanas de más tirantez que otras, pero es lógico. El futbolista, y no olvidemos que él lo ha sido, tiene derecho a enfadarse, siempre y cuando no perjudique al grupo. Porque estará disgustado, pero siempre va a rendir.