Alfredo Santaelena y cómo quitarse el corsé

TORRE DE MARATHÓN

César Quian

17 abr 2022 . Actualizado a las 21:56 h.

Hay futbolistas y entrenadores que gastan horas y horas de su tiempo en quejarse de por qué no reciben el cariño que creen merecer. Se desesperan ante las críticas que entienden desmesuradas y pocas veces hacen un ejercicio de introspección para ver en qué pueden fallar ellos.

En el Dux hay un tipo que, sin hacer nada del otro mundo, no solo tiene ese cariño sino que le abruma ver cómo sin hacer nada la gente no se olvida de él. «Incluso críos que no habían nacido cuando marqué el gol», explica. Alfredo Santaelena, como Nando, Claudio Barragán, Bebeto o Scaloni son ejemplo de profesionales que han sabido estar al lado del pueblo. Que se han hecho querer más allá de su acierto futbolístico. Personas que al acabar el entrenamiento compartían un pincho de tortilla frente al estadio, antes de ir a comprar el pan o recoger a los niños para ir a comer a casa. Jóvenes que por las noches se tomaban un agua, una cerveza o unas copas en un sitio al alcance de cualquier aficionado sin que eso supusiera pérdida de estatus o altercado. No hacían falta reservados.

Y esos tipos, cuando un partido sale mal, como el que le salió al Dux en Riazor, salen a la sala de prensa y dicen que el rival fue mejor y que es justa la derrota y no pasa absolutamente nada. Quizá esa honradez es uno de los motivos por los que se les sigue queriendo tanto, especialmente, a Alfredo. El héroe de la primera Copa, pero que sigue siendo el mismo sinvergüenza que las liaba de chaval en Vicálvaro.