El juego del calamar de Borja Jiménez

TORRE DE MARATHÓN

William, rodeado de jugadores locales
William, rodeado de jugadores locales LOF

24 oct 2021 . Actualizado a las 18:01 h.

Es agradable ver a este Deportivo, aunque no haya sido su mejor partido. Un equipo valiente, que juega con muchísimos futbolistas ofensivos, y que muere o mata, pero siempre con una misma idea. Dos laterales que no saben mirar hacia atrás, dos centrales que son mejores con balón que sin él, un extremo como William de Camargo que lo amas o lo odias por su fe en hacer cosas (buenas o malas, pero hacerlas), un delantero nato tirado a la derecha que acompaña a Miku... Un equipo superofensivo que se presentó al campo del que posiblemente sea su principal rival por el ascenso con personalidad para pedir el balón e intentar someter al Racing a través de él. Quizás otro entrenador se hubiese preocupado más por defender las embestidas de Soko o de Bustos por banda, la velocidad de Cedric en punta, la creatividad de Pablo Torre. Como en el Juego del Calamar, la serie coreana del momento, el Dépor fue a por todas. Gloria o muerte. Y tuvo ambas a su alcance por esa manera de entender el juego.

«Estoy jodido por no ganar». Esa declaración lo dice todo. Fue lo primero que dijo Borja Jiménez al sentarse en rueda de prensa. Es verdad que el Dépor es el Dépor y está obligado a salir a por los tres puntos siempre. Pero también el Racing de Santander es un poderoso en la categoría y no lo hace. Al contrario, salió a defenderse en bloque medio-bajo y a esperar el error del rival para ganar. Posiblemente el Deportivo tenía que haber vencido. La ocasión de William de Camargo es de esas imperdonables. Puedes fallar un mano a mano. Pero hacerlo con tanto tiempo para pensar, duele.

Gane, como en Calahorra; empate, como en Santander; o pierda, como en Irún; el juego del calamar de Borja Jiménez gusta a la afición. Que en pleno minuto 82 solo se escuchara gritar al público visitante es una prueba de ello. Había más de mil. Posiblemente se estuviera más cerca de los dos mil. La lección al fútbol profesional queda ahí.