Una sonrisa obligada tras un quinquenio infame

TORRE DE MARATHÓN

CESAR QUIAN

13 sep 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

El Deportivo lleva cinco años siendo una tortura para sus simpatizantes. Líos en la cúspide, con cambios en la presidencia y también en el accionariado; enredos en el banquillo, con continuas variaciones de entrenador, a cada cual más peculiar que el anterior; y desfiles eternos de jugadores. Más de un centenar han pisado Riazor (lo de jugar, es otra cosa). Un lustro en el que la autoestima del deportivismo ha quedado devastada por un tsunami de emociones que abarcan desde el cabreo al orgullo. Ni un día tranquilo, en el quinquenio más bochornoso que se recuerda por A Coruña.

Por eso ahora, con este arranque, el aficionado blanquiazul tiene derecho a ilusionarse y, sobre todo, a disfrutarlo. Es la Primera RFEF, la tercera categoría nacional. Sí. Solo se han ganado tres partidos. También. Pero después de tanto tempo sufriendo, es necesario disfrutar del camino, sin mirar a la meta. Es hora de estar con el equipo. De ir a Riazor (por fin) y saborear el fútbol en multitud. De viajar a lugares tan entrañables como Calahorra o Tudela. De vivir un partido tras una portería y abrazar a Noel. Porque sí. Porque el chaval marca cada vez que salta al campo y es «Un dos meus». No fue un golazo. ¿Y qué? El Deportivo necesita un héroe. Su Aspas. Su Messi. Un referente. Y da igual si tiene 18 años o 36. Si es de Silleda o de la Sagrada. Después de tanto tiempo tragando veneno, es hasta obligado disfrutar del momento y apartar a quien pretenda amargarlo. ¿Cuánto tiempo hacía que el deportivismo no disfrutaba? No importa que los rivales fueran el Celta B, el Tudelano y el Calahorra. ¿Y qué? Como si son el Bayern, el PSG y el Inter (de Milán). Cabe recordar que el Superdépor fue grande porque permitía a todas esas localidades pequeñas de España imaginarse peleando ellas contra los grandes.

Da igual que queden 35 partidos más. No importa si hay problemas en el lateral derecho o si el equipo se encuentra más o menos cómodo con la presión alta. De eso que se preocupe Borja Jiménez. Y los jugadores que sepan que no han hecho nada, aunque a alguno se le ocurra la mala idea de sacar pecho y pasar facturas. Pero el deportivismo, que disfrute. Es hora. Es su momento.