Miku: «A mi hija se le hizo muy difícil ir al cole porque el Dépor no estaba bien»

El venezolano relata cómo sufrió su familia por la mala marcha del equipo


A corazón abierto. Miku (Caracas, 1985) destapa esa cara tantas veces oculta de los futbolistas más allá de la pelota. Fichado este verano tras una larga trayectoria en la élite, habla de su sufrimiento y el de su familia en A Coruña, y por qué explotó en lágrimas después de marcar tres goles al Celta B.

 —Sorprendió su emoción tras el «hat trick» en Vigo.

—Yo las redes sociales no las manejo. Las mías las tiene una empresa que se dedica a estas cosas. Pero tengo hijos y los niños son más asiduos a eso. Van al cole y les dicen cosas y eso es duro para ellos. Yo estoy acostumbrado a las críticas a lo largo de mi carrera, tanto de aficionados como de prensa especialista, y eso no me desespera ni me perjudica. Siempre he intentado entenderlas y dar no lo que la gente quiere, sino lo que el entrenador me pide. A la mayor se le hizo muy difícil en el cole, porque el equipo no estaba bien y había muchas críticas hacia el gol del equipo. Los niños no pueden valorar futbolísticamente el desempeño del club o de los jugadores, y repiten lo que escuchan. A ella le costó mucho y sufrimos en casa.

—¿Qué es lo que le hizo más daño?

—Eso de que tu papá no le mete un gol a nadie, no juega bien, son malísimos,… Y con las redes sociales puedes hacer un juicio y no dar la cara… es complicado. Yo le dije que no se creyera nada, que mi carrera estaba ahí para sustentar lo que vinimos a hacer aquí, que fue ayudar a un club histórico a llegar al lugar que le corresponde y que no hiciera caso. Cuando los resultados han ido bien, los mismos que le decían eso, luego todo eran cosas buenas. «Ya lo sabíamos», decían. No. Yo le explicaba: «Papá siempre ha hecho este trabajo, a veces las cosas salen bien o mal». La vida son constantes tropiezos y enseñanzas. Es un camino muy duro. Ojalá todos pudiéramos tener éxitos a la primera. Pero todos pasamos por dificultades, y al primer obstáculo no nos podemos venir abajo. Hay que tener actitud positiva y fortaleza mental para aguantar todo lo malo y soportar el elogio, que también el elogio en exceso hace daño.

—¿Qué le da confianza para el domingo?

—Nosotros. El equipo. Cuando un jugador en los partidos más trascendentes en la clasificación (el día del Pontevedra, el Celta, el Zamora o el del Numancia) el equipo responde. Luego a lo mejor cuando tenemos un colchón nos quitamos esa presión extra y nos falta ese puntito de tensión. A pesar de que ahora está siendo más que en el pasado, no nos está llegando. Pero con el agua al cuello el equipo responde, aprieta los dientes y saca todo. Es mi percepción personal.

—Jugar siempre en el filo de la navaja tiene sus peligros.

—Pero el formato de este año también ha sido así. No esperaba que fuera así. Mi última temporada en Segunda B fue con 20 años, han pasado 15 y yo recuerdo una categoría que no tiene nada que ver. El nivel ha subido muchísimo. Ahora todo el mundo quiere jugar. Antes había muchísimas patadas, era un fútbol más de barrio. Hablo de una evolución de la categoría. Pero este formato nos ha matado. Con un formato largo, cuando el equipo ha encontrado un esquema claro y lo saben interpretar todos los jugadores. No estoy hablando de un once, hablo de todos, porque siempre hay cambios, lesiones, sanciones,... El equipo ha llegado tarde y la competición estaba prácticamente acabada.

 —¿Está siendo la temporada más complicada de su carrera?

—Está siendo dura, sí. He tenido otras muy complicadas. He vivido descensos. Pero más que nada ha sido desilusionante por la expectativa que teníamos todos: aficionados, club, nosotros, familia... Porque yo en verano hablaba con mi esposa y ella me decía: «Estamos aceptando una oferta económicamente cuatro veces inferior a la que tenemos». Y yo le respondía: «Que es el Dépor, y vamos a subir, y el fútbol en Segunda A es otra cosa». Pero ha salido como ha salido. Y es desilusionante, pero no podemos pensar ya en eso, porque hay que completar la tarea inmediata que tenemos que hacer por el bien del club.

—¿Piensa ya en la temporada que viene?

—Al principio sí. «Vamos a subir, voy a hacer goles en Segunda, va a haber un proyecto para subir a Primera», todos lo pensábamos. Pensábamos en el más allá, pero el ahora no lo hicimos bien y por eso estamos así. Hay que querer llegar allí, pero el hoy es el que te lo va a dar. Estoy para ayudar aquí y ahora. Y disfrutarlo. A los muchachos le digo: «Hay que jugar con alegría y responsabilidad». Yo disfruto y me divierto sin obviar lo que es el fútbol profesional. Hace poco oía a Pochettino en una entrevista hablar de que en el fútbol profesional tienes la exigencia de los resultados y pierdes esa alegría, pero que todos empezamos a jugar al fútbol para divertirnos: los partidos del cole, las pachangas con los amigos,... Hay que divertirse, pero con la responsabilidad de un profesional. Yo no puedo jugar amargado. Hay gente que encara los partidos de otra manera, gente que se pone muy nerviosa, o duerme mal por la noche, o que necesita dormir dos horas de siesta, o tomarse dos cafés, o lo que sea. Yo me relajo y escucho mi musiquita, porque todo fluye, todo es energía y todo va a salir.

«En Langreo nos quedamos con cara de tontos»

Miku es el máximo goleador del Deportivo, pero en muchos partidos, como el del pasado domingo en Luanco, apenas toca el balón.

—Debo adaptar mi forma de jugar a la necesidad que tiene el equipo. Yo a veces me obceco un poco porque no hacemos ocasiones, pero si me desconecto y dejo de hacer otras cosas vamos a sufrir. Toca jugar de espaldas. Le digo a los compañeros: «Ustedes están uno para uno, pero yo como mínimo me tengo que pegar con dos, o si baja el mediocentro son tres para mí solo». Para mí es duro, pero es lo que toca y lo he ido aprendiendo con los años.

—¿Acabó desesperado?

—Lo más bonito para mí es generar ocasiones. Pero si no se genera ninguna, o si son dos, pero ninguna es para mí, es frustrante. Luego analizo más despacio el partido y veo que di salida, di oxígeno, el equipo estaba defendiendo muy hundido, pero cada vez que recibía la aguantaba, el compañero respiraba, daba un pase,… eso también es fútbol.

—¿Es lo que le pide ahora Rubén de la Barrera?

—Tenemos muy buenos jugadores cuando llegan de frente. Muchos balones me van a mí y se la tengo que poner de cara para que puedan desarrollar su juego. En el fútbol vas conectando pieza a pieza. Si hay un balón largo y el rival te la gana, vuelves a defender. Mi labor es dar continuidad para atacar. Si yo no los hago buenos, estamos corriendo como pollos sin cabeza.

—En los entrenamientos de esta semana se está notando al equipo más serio, con menos bromas entre los jugadores.

—Puede ser que la gente esté interiorizando lo que se viene el domingo. Es muy rico jugar un partido de esta categoría. A mí me encantan. Ojalá fuera por un objetivo aún más grande, pero partidos así es muy bonito jugarlos.

—¿Qué destacaría del Langreo?

—Tiene jugadores que en su grupo le dio para meterse en la permanencia por la Primera Federación. A mí me gustó Allyson, pero en general tiene jugadores serios, que no hacen más de lo que deben, expeditivos, jugadores buenos de la categoría y con experiencia. No va a ser fácil. Y con un marco tan bonito como Riazor, que muchos seguramente que nunca lo hayan pisado para jugar y les va a gustar. Vamos a tener que hacer las cosas bien para ganar.

—¿Cuánto daño les han hecho esos equipos que nunca habían pisado Riazor, o que nunca se habían enfrentado al Deportivo?

—Es que a los equipos grandes siempre les pasa. Y nosotros lo vemos, vemos los vídeos de los rivales contra los otros equipos y decimos: «Ah, bueno, vamos a estar bien, les vamos a meter mano». Pero juegan contra nosotros y decimos: «¿Qué pasa?» Y es eso: la motivación para ellos es extraordinaria. Estás jugando contra el Dépor. Yo lo viví en el Celtic de Escocia. Todos los partidos había que ganarlos bien, y todos nos querían ganar y se jugaban la vida contra nosotros. Ganamos la Liga, pero nos costó mucho.

—¿Y contra eso qué se puede hacer?

—Está muy bien la teoría, pero hay que llevarlo a la práctica. Tú partes con una historia diferente, pero cuando el árbitro pita son once hombres contra once hombres y una pelota, y si no tienes agresividad ni adrenalina, cualquiera te puede ganar. Desde el punto de vista mental nos ha pasado muchas veces, y cuando hemos tenido la humildad de reconocer la categoría y lo que tenemos enfrente, hemos estado mejor. Nosotros el día del Alavés en Copa jugamos muchísimo mejor que ellos. ¿Por qué? Porque jugamos contra un equipo de Primera, nosotros ahí éramos de categoría inferior y se vio otro equipo. Nos pasó al revés y hay que trabajar ese aspecto.

—Un compañero suyo explicaba que al Dépor le costaba competir porque durante la semana entrenaban como un club de élite y luego competían en Segunda B.

—Es un error enfocarlo así. Todos hemos pasado por esos campos para llegar a donde estamos: por campos de tierra, por hierba artificial, campos malos y malas instalaciones. Y nos sobrepusimos y hemos llegado a ser lo que somos. Es lo que toca y es lo que hay. Hace dos semanas fuimos al campo del Langreo y queríamos ganar como sea, pero en una contra nos sorprendieron. El domingo queríamos ganar, pero estaba el fantasma de ¿y si nos pillan a la contra? El punto a lo mejor nos valía. No digo que saliésemos a empatar, pero a veces se dan circunstancias que te hacen pensar en el minuto 75 o 80… pero no es que no quisiésemos ganar. Fuimos a ganar a Langreo, pero en una contra nos la clavaron y nos quedamos con cara de tontos.

—¿Va a ver el Racing-Numancia?

—No, no soy de ese tipo de personas, porque me desespero. Me enteraré obviamente del resultado final, pero no voy a ver el partido completo. Intentaré hacer algo con mis hijos para desconectar un poco. Y luego veré. Si nos favoreció, con todo lo nuestro. Y si no, igual. Siempre hay que salir a ganar y sumar, y tener esa tranquilidad de pensar en qué puedes hacer tú para sacar beneficio.

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