Revancha de extrema necesidad para el Deportivo

TORRE DE MARATHÓN

Álex Bergantiños, durante un entrenamiento en Abegondo
Álex Bergantiños, durante un entrenamiento en Abegondo CESAR QUIAN

Álex Bergantiños retorna a Barreiro, donde cayó como capitán del Fabril, encarnando la reacción de un conjunto blanquiazul forzado a ganar para seguir aspirando a la gesta

13 mar 2021 . Actualizado a las 17:32 h.

Antes de iniciar la gira que le llevaría de vuelta a casa, Álex Bergantiños pisó Barreiro. Lo hizo un 13 de enero del 2008, enrolado en el Fabril de Tito Ramallo, que llegó y se fue líder del campo del Celta B, pese a cosechar allí su segunda derrota de la temporada —Aspas anotó el primero de los celestes, Rivera puso el 3-1 para los blanquiazules—. Aquel filial se acabó colando en la fase de ascenso con una fenomenal remontada de tres victorias consecutivas en el cierre de la fase regular, pero se bajó del camino a Segunda en el cruce con el Écija de Nolito. El capitán, que cumplía 23, dejó A Coruña —el club no ejerció la cláusula de renovación— y cruzó la península para ganarse el derecho a retornar. A su ciudad y al campo vigués donde portará de nuevo el brazalete, símbolo de la evolución del de la Sagrada y la involución de su equipo.

Un conjunto en el que ha vuelto a ganar peso tras consumirlo, como parte de esa extraña dieta de fútbol que asocia a Álex y al Dépor: la relación mejora cuando la ausencia del futbolista ayuda a echarlo de menos. Casi cíclicamente, Bergantiños se hace querer. Puede ser tras pasar años huérfanos de referentes locales, mientras él cumplía en Jerez, Tarragona o Gijón, o tras identificarlo como parte de unos males que no se solucionan con él en el banquillo o la grada, hasta que se le reclama de nuevo sobre el césped.

En esta última tentación cayó Rubén de la Barrera, pero antes habían caído tantos otros. Durante el destierro de Bergantiños, el Deportivo perdió dos veces la categoría y en muchas ocasiones un partido. Este mismo curso lo arrancó como indiscutible para Fernando Vázquez, quien veía en él un portador del cuero mucho más capaz que Uche a la hora de atravesar líneas. El nigeriano impone su físico para ganar al choque y aguantar la pelota, pero precisa pulir la orientación del cuerpo —en ello le ha insistido en Abegondo el nuevo míster— y el atrevimiento. Demasiado pase en horizontal o hacia atrás, en rangos de apenas cinco metros. Condiciones que lo limitan para instalarse entre centrales en el inicio de jugada o trazar envíos a la espalda de las líneas de contención del adversario, como precisa el técnico.

La derrota ante el Compostela le costó al coruñés su plaza en el once, recobrada para resultar clave en la victoria frente al Pontevedra después de que el Racing de Ferrol demostrara que el capitán no era el origen de los males.

El ida y vuelta al destierro se alargó poco más que el del curso pasado (dura derrota en Almería y empate en el derbi con el Lugo) y casi lo mismo que el anterior, cuando cedió la condición de indiscutible tras un empate con el Alcorcón y la recuperó para vencer en Soria y retenerla hasta que Pedraza lo borró de un golpe del partido más trascendental en la historia reciente del Dépor. Le ocurrió en Segunda como antes en Primera. En la campaña 2015-2016, por ejemplo, se hizo fijo con el triunfo (2-0) en el derbi y le arrebató el estatus un 0-1 con el Granada, pero Sánchez del Amo recapacitó antes de acudir al Madrigal a sellar la permanencia.

«No voy a descubrir a Álex», concedió De la Barrera tras haberse encomendado a él para el enésimo giro en el tránsito de los coruñeses. A tiempo de llegar con alguna opción de gesta a Barreiro. Por allí ya pasó Bergantiños con el brazalete. Vuelve a por la revancha. Porque siempre vuelve.

Así funcionan las canteras de éxito

ana iglesias

Es una filosofía. Pero no todos siguen el mismo patrón. Ser un club de cantera requiere tiempo, dedicación y una metodología clara. Son cada vez más los equipos que tienden a ello. La factura económica provocada por la pandemia ha descendido considerablemente los ingresos y ello les obliga a adaptar sus proyectos a las nuevas circunstancias. Una merma económica que provoca que muchos se replanteen su modelo y acudan a la cantera como vía de negocio. Es turno de tirar de lo propio.

Celta

La factoría de A Madroa

Cuando Carlos Mouriño adquirió el Celta en el 2006 se encontró con unas cuentas poco prometedoras. Con una deuda de 84 millones de euros, y varios proyectos fallidos, el dirigente vigués se propuso un cambio en la filosofía basado en el talento propio. Transformó la entidad en un club de cantera. Quince años después, y tras un proceso largo, el Celta puede presumir de acumular en el primer equipo diez jugadores gallegos. Una economía desangrada que acabó desencadenando un club de futuro. A Madroa se ha convertido en una factoría de jugadores. Hoy, acumula 200 desde benjamines hasta juveniles. La captación de futbolistas se centra en Galicia gracias a acuerdos con más de 30 equipos de toda la comunidad con los que el Celta colabora de manera metodológica. «A día de hoy, el 99% de nuestros jugadores son gallegos. Y de ellos, el 85 % son de la provincia de Pontevedra», afirma Eduardo Covelo, director de la cantera celeste. 29 de esos niños viven en la residencia que el club dispone en su sede. Un papel importante ocupan también los entrenadores. Son ellos los que realizan la labor de captación. «Son el nexo de unión entre lo que propone la dirección y los niños. Nos preocupamos mucho de su formación», agrega. El engranaje celeste funciona bajo una metodología fundamentada en un modelo de juego propio «independiente del primer equipo», señala Covelo, y que se basa en una progresión metodológica: «Qué hacer cuando tenemos el balón, cuando lo perdemos... va evolucionando con la edad», indica. Además, llevan un seguimiento pormenorizado de cada jugador a lo largo de los años y buscan integrar en la cantera «la denominación de origen Celta. Inculcamos la meritocracia, trabajo en equipo y hacemos un seguimiento del rendimiento escolar», finaliza Covelo.

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