Valerón: «Si trabajamos como niños pequeños, hay castigo»

El técnico del Fabril busca activar a un grupo huérfano de veteranos para que las buenas sensaciones dejadas ante el Bergantiños se traduzcan en puntos


La mudanza de Rayco y Villares al primer equipo ha dejado en el Fabril una huella que va más allá de las citas del fin de semana y alcanza al día a día en Abegondo. Juan Carlos Valerón trabaja con una plantilla plagada de futbolistas que aún no han cumplido los 20. Garantía de un futuro mejor, pero un factor a tener en cuenta para gestionar el presente, en el que la revolución de categorías en plena pandemia amenaza con pillar al filial con el mismo pie cambiado con el que ha tropezado el Dépor.

La sesión de trabajo de ayer en Abegondo fue una pequeña muestra de esa bisoñez y de la búsqueda de la activación por parte del míster. Tras un ejercicio de posesión con cinco equipos y antes de pasar al siguiente, el entrenador canario convocó a todo el plantel a su alrededor y alzó la voz (factor sorpresa) para hacer retumbar su enfado. El breve discurso fue de la exposición —«parecemos niños pequeños, estamos haciendo un ejercicio y mandamos el balón mal a propósito para que el otro falle»— a las conclusiones: «Si trabajamos como niños pequeños, hay castigo». La sesión continuó de inmediato y el efecto fue visible en el cambio de actitud, fundamental para que las buenas sensaciones dejadas ante el Bergantiños cristalicen en puntos.

El filial blanquiazul firmó un gran partido el pasado domingo, tuteando al líder de la categoría, al que encerró en su campo durante un largo tramo del primer tiempo. Los de Valerón hicieron méritos para llevarse algún botín que aliviara el bache, pero el conjunto de Carballo acabó por imponer su pegada aprovechando los errores locales para remontar el tanto coruñés justo antes del cierre del duelo.

El 1-2 dejó al Fabril en la séptima plaza, enganchado en la zona que condena a pelear en la fase de permanencia, aunque el Viveiro sigue a tiro de dos puntos y el Arzúa queda a cuatro con un partido más disputado. No hay nada resuelto todavía, pero la dinámica es mala, con cuatro derrotas casi consecutivas (más un empate ante el Silva), por mucho que en la última se apreciara una reacción en cuanto a juego. Para consolidar este cambio y traducirlo en puntos de cara a los cinco choques que restan para cerrar la primera fase, el entrenador sigue buscando cómo tocar la fibra de un grupo huérfano de veteranos. El domingo, frente al Polvorín, habrá ocasión de trasladarlo al campo.

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